PRESENTACIONES Y PRÓLOGOS
LA AMÉRICA ARQUITECTURA DE RAMÍREZ PONCE
Quiero hablar de un poeta. Alguna vez lo oí pulsar el sur de la guitarra, desgajar los sonidos meridianos de un tiempo que la gente señalaba: “es la trova”, y que él nos redecía : “es el tiempo, nuestro tiempo”, y yo: “es el latido que construye el cauce de la sangre y su morada, es la casa”.
Y viví en esa casa, Segunda privada de Cuauhtemoc Poniente número 14, Tlalpan; viví en tal impulso hacia lo arriba, golpe mestizo de la técnica y el arte que nos hace y que nos junta, casa Tlalpan, casa América, verbo lezámico, pupila velardeana, Octavio Paz clavado en su Piedra de sol, Armando Duvalier rompiendo y rehaciendo los cristales chiapanecos.
Que la palabra habite el espacio vital de las arquitecturas. De la arquitectura como una enseñanza y una realidad en la que el hombre crece con su verbo de volúmenes y de augustas simetrías.
Qué poesía mayor existe en las espiras que la que crea, la casa y la ciudad andando.
Arquitecto Alfonso: te pregunto si eres arquitecto o poeta o las dos cosas, o las tres, trovador o las múltiples o un hombre simplemente con el verbo del cálculo y la verdad de las sensualidades. Ah, los griegos, qué nos dirían; qué nos dirían los mayas, el filósofo Descartes o el poeta Guillén.
Arquitecto de mi propio destino, chiapaneco yo, en este siglo, debería morirme de sombras y profundos vertiginios; pero no, vengo de una realidad herida, mancillada, pero mi pupila se abre también a la propuesta de tiempos y de espacios. Propones, Alfonso Ramírez Ponce, los espacios para el hombre (“la arquitectura debe responder a las realidades socioeconómicas de la región”), los espacios para el hombre, para la dignidad.
Soy entonces hombre americano; soy, somos, nuevo latido de esta América en receso. Que el tiempo del que crea hable por nosotros. Ceremonia. Silvestre y Villa-lobos nos asistan, David Alfaro Siqueiros, el más moderno y triunfal de los poetas.
Ah, Diego Rivera, magnífico maestro. Ah, José Clemente Orozco, grandioso y magistral caricaturista que te elevaste al muro de las genialidades. Ah, Siqueiros, el más grande de todos, Tú y Silvestre nos han vuelto a relatar la patria; tú, Silvestre y la danza y la escultura y la arquitectura reclamando su yo en el concierto de las creaciones.
Y ahí está el yo de nuestra arquitectura. Dice el arquitecto Ramírez Ponce:
"Debemos crear una arquitectura propia a las necesidades ineludibles de nuestro continente. Nuestra realidad socioeconómica debe dictar las verdades de nuestra arquitectura. Insisten en calificarnos como países en vías de desarrollo. Frase perversa, ésta.
"Toda una vida hemos sido "países en desarrollo" y toda una vida los países industrializados han impedido nuestro desarrollo. Estados Unidos, con 270 millones de habitantes, el cuatro y medio por ciento de la población mundial, consume cerca de la tercera parte de los recursos energéticos
del plantea.
"Gracias a ese hiperconsumo los Estados Unidos tienen el nivel de vida que tienen, si los demás quisieran tenerlo igual no habría planeta suficiente para nadie. No somos países en vías de desarrollo, somos países desviados del desarrollo, eso hemos sido siempre".
Y estas verdades hay que decirlas en reluctante grito de entraña y raciocinio. Hay que decirlas en voz alta, y entonces el arquitecto acude a la letra que lo crece, a la tinta pungente del periódico que le va a dar peso y ala al pensamiento; abres las planas de los diarios y entonces arquitecto te vuelves periodista, y hablas por tu gente americana, por su casa construida en un vértice de soles y salinas, de lunas y de sombras.
El arquitecto Ramírez Ponce, coordinó varios años una plana en los periódicos (Excélsior, El Día) que con el nombre de Arquitectura y Sociedad abordó estos temas frente a la opinión pública. Existe una recopilación de esas publicaciones en una feliz conjunción de la arquitectura y el periodismo.
Son facsimilares de las planas. De esa manera se concentran artículos de varios especialistas, 22 mexicanos y 10 iberoamericanos en donde se abordan nuestros problemas sociales desde la óptica de la arquitectura, siempre en el empeño de lograr una vida digna para el hombre de nuestro tiempo.
Los artículos llegaban a Ramírez Ponce por fax o por correo electrónico y entonces él trabajaba en el diseño de las planas atendiendo siempre a lo que para él es un irrenunciable marco literario, pues Alfonso está muy ligado a la creatividad de los poetas latinoamericanos, la que utiliza como elemento de su propia sustancia expresiva.
Son años de juntar las muestras más claras y luminosas de quienes se dedican a estos quehaceres de alcanzar la euritmia entre la sociedad y la construcción de su medio ambiente. Arquitectura y periodismo resueltos en la poesía de Ramírez Ponce, porque poesía es lo que piensa del hombre y su domicilio, porque poesía es el producto de ese pensamiento una vez materializado en el espacio. Eso lo saben bien quienes conocen su obra, quienes la habitan.
¿Qué escribió Ramírez Ponce en los periódicos? Escribió, por ejemplo:
"La Arquitectura es una importante expresión de la cultura. Más uno de sus actores principales que un testigo. Es un saber y un hacer social, colectivo, que consiste en proyectar y construir los espacios que el hombre habita. Debe ser una disciplina al servicio de los intereses comunitarios. Debe responder a las condiciones económicas de nuestros países pobres, desviados del desarrollo. No puede ser la Arquitectura del derroche y el despilfarro, de la “heroicidad” y la prepotencia, sino su contrario, la Arquitectura de la realidad, del talento y de la imaginación acrecentadas aún más por las limitaciones económicas.
"Las obras arquitectónicas no son obras aisladas ni independientes del paisaje natural y artificial, como suelen presentarse reiterativa y equívocamente en revistas y exposiciones especializadas. El respeto al medio implica la inclusión del factor económico. La dependencia a la que están sujetos nuestros países, no puede soslayarse mediante la transferencia –en función de las “modas internacionales”- de técnicas arquitectónicas que vayan en detrimento de los valores culturales regionales y nacionales. Las obras arquitectónicas, dadas las políticas económicas prevalecientes en nuestros países, deben utilizar dominantemente técnicas constructivas que, en vez de desplazar nuestra mano de obra, abundante, barata y subempleada, hagan uso intensivo de ella".
Eso ha sostenido Ramírez Ponce en los periódicos y en sus ponencias pronunciadas en México y en el extranjero. Esto lo ha dicho con su palabra de arquitecto y con las palabras de los poetas que tanto ama, César Vallejo, Dulce María Loynaz, Nazario Chacón Pineda, etc. A él se debe, en el ámbito arquitectónico, esta evocación de Neruda:
Tal vez esta es la casa en que viví
Cuando yo no existía, ni había tierra
Cuando todo era luna o piedra o sombra
Cuando la luz inmóvil no nacía
Tal vez entonces esta piedra era mi casa
Mis ventanas o mis ojos.
Me recuerda esta rosa de granito
Algo que me habitaba o que habité
Cueva o cabeza cósmica de sueños
Copa o castillo o nave o nacimiento
Toco el tenaz esfuerzo de la roca
Su baluarte golpeado en la salmuera
Y sé que aquí quedaron grietas mías
Arrugadas sustancias que subieron
Desde profundidades hasta mi alma
Y piedra fui, piedra seré, por eso
Toco esta piedra y para mí no ha muerto:
Es lo que fui, lo que seré,
Reposo de un combate tan largo como el tiempo.
Desde estos empeños, Alforaponce es una palabra que significa la interpretación de la arquitectura por medio y a través de la poesía. El alforaponce del continente nuestro nos lleva a pensar, junto con el arquitecto tratado en estas líneas (arquitecto músico: Alberto Domínguez, Roberto Audemar...), que nuestro tiempo y nuestro entorno es una realidad que en sal de agravios nos han vuelto sombría pero que podemos lograr luminosa nuevamente si asumimos, latinoamericanos y universales, nuestra responsabilidad creativa. |