PRESENTACIONES Y PRÓLOGOS
ICONOS DE PLACER EL NUEVO ANTIGUO LIBRO
Hubo una flor de fósforo en la vieja leyenda inalcanzada. ¿En qué medida Ana Cerón oficia en el centro de la gozosa herida?, ¿la que quema? Ana Cerón descúbrenos el secreto del procedimiento, dinos cómo se llega al vértice de esa simetría en la que el fuego se convierte en suavidad de piel, en el estar en la seda del latido, así, dulce, tiernamente, como quizá despierta desde ayer el ábrara que nos construyó presintiéndonos cuando nacimos mundo.
Hay la fuente de fuego que la sed sacia. En ella descendamos a la gloria verdadera, la que laberíntica concita el milagro de la carne, la que luz nos mide, milímetro a milímetro, dimensión universal desde el azul latido. Descendamos pues, por los secretos de esa fuente, alfaguara de semillas fulgurantes con las que el borbotón canta sus desbordados himnos. Entre más al vientre de la lumbre mayor purificación al alma, calcinación al cuerpo, vivac para los sentidos.
Ana Cerón nos pone hoy en las manos la cosecha de su arquitectura, su edificio de palabras palpita con la fuerza primaria de la esencia. Son cuarenta estadías de los íntimos estremecimientos, cuarenta leyendas de la leyenda que construyen un índice en el que se pueden sumar las partes y las artes de la carne. Delicado el tratamiento, fino el discurso, suave el cauce, más verídico siempre el verbario de la tal leyenda. Los editores hablan de formas exquisitas, finas e ingeniosas, la autora las construye, ingeniera de los vuelos de la toda imaginación, narradora poetisa.
Iconos de Placer se titula el catálogo de las sensualidades. Y el ojo y el oído y la imaginación y el alma acuden jubilosos al ágape de los deslumbramientos. “Dicen que soy como una ola de seda”, canta la tónica, para que la dominante responda en la orgía de las platabandas: “a mi litoral llega el mar, con sus eternas ondulaciones” y la subdominante (democrática tercera de los trovadores) cierre la propuesta del tridón armónico: “soy la geografía viva del placer”. La letra está cantando en alto.
Verbo y gracia, gracia del verbo, verbo en gracia, gracia de la verbal corola que obliga aquí a ceñirse el verbigraciar de Ana: “Parados sobre la tela, los amantes se besan despacio. El viento alborota los cabellos de las cabezas que se mueven de un lado a otro al ritmo de los besos. Las manos despojan de las ropas a los cuerpos desnudos, color canela; y sin dejar de besarse, bajan lentamente hasta la tela en donde se recuestan, frente a frente. Muslos, hombros, torsos, pechos, flancos, cinturas, caderas, vientres, ombligos, acariciados por los dedos, que viajan como cardúmenes en la superficie y provocan un mar de sensaciones. Con una agitación profunda y latente, llena de sensualidad, como la ola que se alza súbitamente del fondo del mar, uno de los cuerpos trepa sobre el otro, y al compás de las olas embravecidas le entrega su pasión, llena de ansia”.
Evoca la autora el Cantar de los cantares y canta, canta en la vasta cantidad del canto; canta Cerón cantolíquida; canta Cerón cantilámpara; canta cantaespérnica; canta cantivástida, cantiflujo, cantifluido, cantidándose y es el suyo un canto de las sensualidades en el que lúbricos y lubricantes, en el que lubricios y lubricantados nos reconocemos todos.
Iconos de Placer, es el libro del mandato; la naturaleza escribe su orden. La hoja eterna es memoria y testamento. Estamos en la húmeda cavidad nocturna, en la arrogante erección del día, en la electricidad de los imanes, en el íntimo complemento de volúmenes y oquedades de cuyos contactos la comburencia nace. Ensayemos a venirnos, yo me vengo, tú te vienes, él se viene, nosotros nos venimos hasta el límpido corazón del fuego. Ana Cerón es ahora la sacerdotisa del acto sustancial y salomónico. Nadie se quemará dos veces en la misma lumbre, por eso, con ella, otra vez de la sagrada llama nos estamos inventando hoguera. Iconos de placer. Latido eterno. |