PRESENTACIONES Y PRÓLOGOS
DESARMAR EL SILENCIO
Oralba Castillo-Nájera es un fragmento de sueño que de pronto se convierte en palabra armada. Espiral en la que se forja el ábrara de la belleza y una vez dinamizada ésta, desciende, y roza la tierra, y en el contacto la convierte en chispa, iskra de todos los tiempos hacia todos los designios cardinales. Xóchitl uchitelnitza, flor y maestra, flor maestra, el conocimiento alcanzado por la vía de la belleza, vieja aspiración de los románticos alemanes, y que Holderlin me asista en este trance fucilante. ¿Qué se puede esperar, pues, de un libro de Oralba Castillo-Nájera?, esto, que ahora nos congrega, un tomo escrito con la verdad de la belleza, en reclamo de justicia desde la fuerza de su femenina estética convertida en denuncia y universo. Y así, bajando la maravillosa espiral a los asuntos horizontales en los que nos movemos los cotidianos, la palabra se vuelve arma que arma la historia de los indefensos y avanza entre los oleajes de la indiferencia, de la burla, del despojo, del abuso de poder, del crimen de los poderosos en contra de los sin destino. Pero ésta, la de Oralba, es la necesaria visión femenina de los que luchan, las que luchan y que pocas oportunidades tienen de que se les de voz para hablar de las profundidades de la herida. La existencia de Oralba Castillo-Nájera es un presente y bello homenaje a las mujeres-pólvora, a las mujeres-filo, pienso, por ejemplo, en Frida Kahlo, María Izquierdo, Aurora Reyes, pintoras. Y ahora hablo también de las poetisas que estuvieron en la primera línea de combate: Carmen de la Fuente, Margarita Paz Paredes, y de nuevo Aurora Reyes, ahora como escritora, que con el pincel y la pluma fue el mismo puño de verdad comprometido hasta el arte, es decir, hasta el alma, por la dignidad y la justicia social, por un mejor futuro para la humanidad. Mujeres-pólvora, mujeres-filo. Pero volvamos al libro de Oralba, lo abrimos, y desde sus testimonios vivos, todavía estremecidos, del potro de los martirios, penetramos en un catálogo estructurado con las obscenidades del poder.
Este es un libro de denuncia que junta, como por un acto de magia lo bello (la escritura) con lo terrible (lo que esa escritura relata). Uno se pregunta con cierta angustia, pero ¿quién va a atender estas denuncias, el titular de la Suprema Corte de Justicia que cobra mensualmente más de 600 mil pesos para propiciar desafueros y preservar el Estado de Derecho? Lo cierto es que en el libro están, página tras página, los testimonios de las mujeres que han visto a los oscuros sicarios asesinar a sus esposos, a sus hermanos, a sus hijos, impunemente; que han sido capturadas para ser martirizadas, humillando su condición femenina. Desarmar el silencio, es un catálogo de las obscenidades del poder, por ello es que en sus 244 páginas se establece un impresionante paralelismo entre lo que fue el abuso de la Santa Inquisición y lo que son las torturas actuales. En la página 99 del libro la pupila cosecha el siguiente párrafo: “Crucifijos, monjes de túnicas negras, rosarios y rezos han sido sustituidos por técnicos, militares, médicos y psiquiatras. El lenguaje aséptico ha transmutado a los supliciados en “internos”, a los herejes en “subversivos”, a los muertos en “bultos”, a los secuestrados en “blancos”. Las masacres se desvanecen detrás de números, cantidades anónimas. Toques eléctricos científicamente aplicados reemplazaron los potros de tortura, el cadalso fue transmutado en silla eléctrica, inyecciones letales, cámaras de gas, hombres atados y aventados desde aviones al mar, previamente encapuchados para evitar conocer el rostro único de la víctima y sentir compasión. Menstruación, embarazo, lactancia, menopausia, privilegios femeninos añaden penas, suman morbos, duplican fuentes del suplicio”. Como se verá este es un libro terrible, y sin embargo, como dije al principio llama la atención el sedoso lirismo que lo domina por momentos –oh, el latido de las palabras- para denunciar los más atroces abusos del poder. Acceden a sus respectivos latidos la entrevista, las reflexiones de la autora, los documentos congregados e incluso aborda un tema que hasta antes de Desarmar el silencio, había tenido algo de etéreo, el machismo en las organizaciones mismas de izquierda. Aquí estamos en un entretejido de tiempos para crear el lenguaje que nos facilite la lectura del presente. Es un compás que va desde las mujeres insurgentas hasta las internacionalistas de hoy. Son las mujeres las que aquí hablan y nos describen la tétrica cadena que va desde la persecución hasta la tortura. Y entonces en esta suma de horrores pero al mismo tiempo de dignidades, por parte de los que no se doblegan y levantan su voz para decir cómo fue el crimen, el lector se encuentra de pronto con momentos de gran belleza; aquí hablo de aquel pasaje que forma parte de nuestras leyendas más queridas, que es el de la Mulata de Córdoba, acusada de brujería por la Inquisición, por los monjes para los que la hermosura de su cuerpo expresaba signos demoníacos. Momentos antes de ir a la muerte -para el regocijo del pueblo que así lo fue contando después, de boca en boca- frente a su carcelero, la Mulata de Córdoba dibujó un enorme barco en una de las paredes de su celda. El carcelero asombrado, comentó: sólo hace falta que se mueva, y entonces el barco se movió, la mulata se subió en él y los criminales que minutos más tarde iban a clavarle en el cuerpo las cruces de Cristo jamás volvieron a saber de ella. Insisto: Desarmar el silencio es un libro terrible, pero bellamente escrito, es un enorme y maravilloso barco al que sólo le hace falta que se mueva. Y de pronto el barco se mueve y Oralba Castillo-Nájera, y todos nosotros y los otros nosotros que nos han matado en el camino nos subimos en él y cruzamos Coyoacán, y la ciudad, y el país, y llegamos más allá, y más allá, y más allá todavía, denunciando a los asesinos y a su obscena muerte para que la vida pueda seguir viviendo todavía. |