Poesía
LA ORACIÓN DE ALDONZA
Yo, Aldonza Lorenzo,
enloquecí a aquel hombre.
Entré Dulcinea en su cerebro,
guié su brazo,
su voluntad,
la dirección endeble de su rienda.
Sus hechos fui,
el filo que desde él atravesaba el viento,
la rotación del mundo
sobre el local Toboso.
Lloré en su lágrima.
Reí en su risa.
Fui la pasión,
la visión,
la muerte...
Si tan sólo un beso
hubiera sido...
Manco y loco ¡Arde!
Edit. Miguel Ángel Porrúa
1991
Papeles Privados
1995
Instituto Politécnico Nacional
2006 |