Poesía
HECHO DE ARMAS
Don Quijote
sintió fatiga.
Decidió descansar a la vera
del manco, ojos enfebrecidos.
El hombre ardiendo
aprovechó el descuido.
Fue por ahí
a escudriñar
vericuetos de la noche.
En un atajo dio con Dios.
Reclamó la ausencia de su brazo.
¡Ojo por brazo! –gritó iracundo-.
Atacó a Dios, molino de molinos.
Lo hizo cíclope de cíclopes.
Bajó humildemente el punzón oxidado,
sin sangre alguna en el mellado filo.
Desde entonces
Dios anda tuerto por donde anda.

Manco y loco ¡Arde!
Edit. Miguel Ángel Porrúa
1991
Papeles Privados
1995
Instituto Politécnico Nacional
2006 |