Poesía
EN EL SUR DE LA NOSTALGIA
Las alas migratorias se niega a mi giro,
me sé yo mismo, y así,
yo mismo me impido.
Me ubico en las tinieblas
ahogándome en la angustia del aliento,
y oculto mis fracasos
en manifestaciones de pájaros que lamen el asfalto.
A la vuelta de la esquina
me atardece la sonrisa.
Mi geometría infiltrada en el momento
por el átomo en carbono,
pierde el vuelo,
y su alondra vocación de ave viajera
que descubre parajes del insomnio
se desploma en el cilanco que en el tiempo
refleja su alegórico desmayo.
Me llamo entre las sombras,
y me encuentro,
despojado de soles del camino.
En el declive,
supiste de un segundo de mi ida.
El oleaje de seres,
la sinfonía del claxon
y el caro monumento de la fotografía,
contemplaron el cuadro de la diosa
caminando del brazo del ateo
en plena capital de la ignominia.
Cantamos el instante tal vez sin darnos cuenta,
el principio de vida,
el canto transportado de tu mano
al frío de mi lápida en espera;
mientras tu palpitar se me ennostalgia,
cintila burlando mis afanes
tu propio resplandor de Estrella.
Quizá en el interior de tanta bruma
una llama se libere
buscando su extinguirse en la blancura
nacida de tu interior tibieza.
Por mientras, me deslizo entre las calles
donde duerme la noche un sueño amargo
sobre mi subconciencia reaccionaria.
Sabrá de mi equipaje sin luz la alcantarilla,
para que despojados del plomo que me clava,
caminen mis zapatos hambrientos de distancia.

Atrás quedó lo que era citadino,
yo cristiano, masón,
ateo y reaccionario,
sigo el paso,
y un sendero de esparto
me vive en la caricia de esta farsa.
Regreso al viento,
retorno al sol,
a verme la otra cara,
vuelvo al punto de mi origen,
así; sin nada,
el alforja deshecha mordida en la pobreza
y un amargo sabor en esta boca,
tan sola,
huérfana ya del seno inhabitado.
Torno por el camino
recorrido en mi joven pasado,
camino petrolero,
paralelo metal tendido al sur,
matraca del abuelo,
por este viejo camino vuelvo viejo
habiendo apenas transitado en horcas,
un suspiro viajero sobre el tiempo.

Ya estoy aquí,
en la selva del hombre,
ubicado en la cruz de dos caminos
y en la curva imperceptible de mi propia vereda,
carne de retrato.
Ya estoy aquí con las manos vacías,
génesis de mi propio tormento,
el sol cuelga de los rostros enjutos
a la sombra palúdica que aterra,
la sombra desvalida del canijo
en ejercicio de su propia entrega.
Mi raza. El espíritu.
¿Cincelado en disciplinas indostánicas?
¡Que traición tan verdadera!,
personaje de mural denuncia
con grandes espaldas y olímpicas orejas.
Pero esta es la selva,
rama, trino, tronco,
lunas besando las cabezas,
más tarde, rocíos matinales,
el violento rugido de la bestia,
ríos, amoríos botánicos,
el viento declamando su poema,
su verso indiferente,
y del bronce, ¿quién se acuerda?
en esta selva de hombres,
del desmenuzado bronce,
¿quién se acuerda?

Franz Bloom,
mano blanca en mano negra,
seguirás hablando por el indio,
bebiendo tu propia trascendencia
forjada en vigesimal sistema
y en la ruta del sol correteado por el maya.
Agua, aire, tierra, fuego,
despiertan en tu forma los cuatro amaneceres.
Franz Bloom, Franz guía,
vuelto nuevos ramos en las aras
que los dioses extraviaron en la selva.
Kinich Kakmó te vela;
avanza la sombra de Cuauhtémoc
pendiente de una cuerda,
avanza águila de bronce
y clava tu martirio entre la tierra.
¡Ah! Te han escupido,
se sabe todo y el Chac Mool ya sueña
al que en su trono engorda, engorda...
mientras llegas
sobre un reloj de siglos y un mapa de sangre,
arrebato telúrico en la ofrenda.
Hay un puente tendido en tu camino,
devora Cuauhtémoc la suriana selva.
Bloom habla:
“Águila de bronce, levántate y vuela”.
Franz Bloom,
epígrade de ti mismo
conjugado en la estrella de la tarde.
viejo abuelo,
empolvado Quetzalcóatl,
río de plumas
en el preludio del ocaso y las auroras.
Bloom habla:
“Avanza la sombra de Cuauhtémoc
pendiente de una cuerda,
águila de bronce, levántate y vuela”.

Una lágrima fue río y caminó el desierto,
acarició los ríos secos que me cruzan,
se hizo voz a mi paso,
se hizo una rosa,
un aliento que pueblan girasoles
en la danza que busca a Quetzalcóatl,
mi nagual que se esconde bajo el trigo,
un número que bebe el horizonte,
nueva fiesta de pájaros con hambre.
Volví al punto primario del paisaje
y he encontrado pizarrones multiplicando amor
en el viento y los maizales.
Una estrella de tinta se clavó
a la mitad de mis horarios huérfanos.
Educadora del sol y los minutos.
Oh, tiempo,
desde este cuerpo acaricio tu rostro y me sosiego.
Oh, principio ancestral de la vida y la muerte,
en tus ojos de pez
me está mirando su canción de agua.

Pensar
que igual se rompe la tierra para enterrar a un hombre
que para sembrar un árbol;
se te han roto los surcos
sembradora.
Caminas nuevas rutas
pero me obstina el canto
y persigo tu paso para hablarte,
invoco la palabra,
la única expresión de tu estatura,
universo de ti parido al alba
ante la muerte del antiguo horario.
Tan solo la palabra besará tu rezo;
tiempo y espacio para cantar los siglos
arrebatada en el arder que te enarbola.
Tu altura está
en el futuro fruto de tu siembra,
Educadora,
heredera del sol y la simiente,
trino con la misión de despertar el ave,
verdes labios de amor,
vocación de primavera andando
hacia los cuatro rumbos cardinales
por todos los caminos de la vida
desde el vértice azul del silogismo.
Tu eres el amor, Educadora,
la pauta del preludio para la sinfonía,
tu eres el amor,
pobladora del mundo
naciendo humanidad en la semilla.

Cuando pueda detener tu paso
mi ser, despilfarrada espera,
y el tiempo y el espacio se unan
a detener tu huella.
Cuando pueda detener tu paso
arrebato de selva;
tu murmullo de río,
piel de arena,
será un beso de luz en la tiniebla.
Cuando pueda ofrecerte mis canciones
bajo mi cielo en rigurosa pena
y la marimba nocturnal florezca
con un sollozo en vela,
un verso, militante deshojado
a tus plantas cansadas de vereda,
te hablará de mi miedo sepultado
bajo el manto verduzco de la tierra.
Cuando baile tu sexo en roja danza
el canto de la luna nueva,
trataré de romper este silencio
que se enreda a mi voz y la silencia.
Cuando pueda esa voz decir: ¡Te quiero!
cuando pueda...
tal vez habré enterrado un miedo inútil
y nacido el dolor de verte ajena.

Amo la heroica promesa de tus muslos,
tu presencia de trino veraniego,
tu anuncio de pasión,
tus verdes labios,
las veredas tendidas al encuentro
de tu sol y mi sol,
de tu esencia y mi esencia
creciendo par en la orfandad del tiempo.
Amo el camino agreste en que te fuiste
a jugar con el día que me sangraba
con ese atardecer donde el arroyo
hablaba con la estrofa presentida.
Amo tus pies gozando sobre el pasto
que me fue estructurando la distancia
y tu pelo, cascada de las noches
como un lento diluvio en tus espaldas.
Amo tus ojos,
abismos de mis vértigos
cantados en el vals que ya conoces,
en el vals donde naces a mis instinto,
huérfana, palpitando en pleno cielo.
Hay un afán en tu esbeltez de goce,
tu girar que feliz se engolondrina.
Amo lo que eres,
lo que soy para ti,
lo que somos viviendo al ras del tiempo,
de nuestra prisa;
amo tu forma de canción al viento,
mi mueca y tu temblor,
mi lágrima,
mi sal que le da forma a tu sonrisa.

La hoja afilada del maíz
hirió el vientre de la aurora,
yo estaba contigo
diciendo mis versos a tu oído
y tú no respondías...
tal vez sobre el teclado de una marimba encinta
habías ascendido;
cuántas veces, mi amor, hice lo mismo.
Qué cercanos y siempre qué distantes.
Aquella rima
te despojó el ropaje frío
y nos lanzó desnudos del cansancio
a la vereda del primer beso tímido.
Quizá las rosas nos estén abiertas
para vivir con nuestro pan marítimo,
con promesas de luna en tus pupilas,
con la pena en tus adentros en declive,
los pinceles del tiempo en mi cabeza,
el ansia que no pueda más erguirse,
unidos en las rutas
preñadas de arrecifes.

Me clavaste el adiós a media risa...
Te alejas
dejándome en la cama de todos los insomnios,
en la lágrima de todos los olvidos,
envuelto en el recuerdo de todo lo que fuiste
y que no fuiste,
de lo que platicaban tus silencios
con una voz menos triste
que el de este cargamento de pájaros heridos,
de trinos mutilados.
Fue ayer que me acosté con la tristeza
y hoy despierto con hijos sin mañana.
Te llevas tus pizarrones con la luz pastora,
tu lápiz que divide la ternura,
y me dejas espinas en la lengua
para rasgar los muros de la noche
conjugando los tiempos de la ausencia.

A la víbora víbora de la mar,
flor de azúcar,
flor de sal,
sube al cielo,
baja al mar,
a la víbora de la mar.
La muchacha viene y va,
blanca blanca la azucena,
verde verde el cafetal.
A la víbora en el palmar,
la muchacha se fue al río,
lava y lava su cantar,
do, re, mi,
fa, sol, la,
lava y lava su cantar.
A la víbora de la mar
por el puente pasará
con su aliento de distancia
lamento de inmensidad,
es mi sueño que se aleja,
es mi sueño que se va,
va llorando por la vía,
es mi sueño que se va,
que se va,
por el puente pasará.
A la víbora de la mar
de la mar,
por aquí debe pasar,
quizá retorne en el tiempo,
tal vez nunca volverá.
A la víbora víbora,
a la víbora de la mar...
de la mar...

Camino por la sombra madura del olvido,
el tiempo se me escurre entre las manos,
ni un pedazo de río entre los dedos,
se muere el rito y yo con él,
el poeta se asfixia en el desierto,
es triste,
el poeta dice versos,
pero el mundo está sordo,
el poeta canta versos,
pero el mundo está sordo,
el poeta llora, ríe, sangra versos,
pero el mundo está sordo,
ala de los destinos,
pero el mundo está sordo,
alba de la noche,
pero el mundo está sordo,
eco Federico,
alma de Neruda,
salivazo de Sabines,
oración entre espinas,
fuego contra el mito,
metamorfosis a hombre,
grito subversivo,
muerte al nuevo cambio,
padre de la ausencia,
hijo de la muerte,
espíritu del adiós,
ruega por ellos,
pero el mundo está sordo,
ruega por ellos,
pero el mundo está sordo,
ruega por ellos.
Se hace polvo el tiempo
y nos hacemos viejos entre el mar y el insulto.
¡Pronto! ¡Ganemos el instante!
que hay que comprarle
un par de orejas a este mundo.

Un cohete se eleva por interminable cielo
y en suspiro final explora el éter
propagando ondulatorio eco,
abajo,
el paisaje rural se vuelve viejo,
una iglesia, un portal... el cementerio.
EN EL SUR DE LA NOSTALGIA
Federación Editorial Mexicana
1974 |