Poesía
EL RÍO
(fragmento)
Desde la imaginación cae el peso de los cuerpos para saciar los imanes del abismo.
La antigua leyenda vuelve a escalar el reto de la roca para cumplir puntual con el sumo de la ceremonia.
¿Que sal de espanto elude la espiral del sacrificio en esta hora?
Nace en el vientre de lo aéreo y ahí se ovilla
el espectro de su vuelo que desciende,
que se abrirá en un parto de sombras en el fondo.
Yo levanto mi mano de légamo y me agarro del día con la desesperación de los condenados a vida
Ala cuadriculada, multiplicación de las incógnitas a la terrible oscilación de la cadena perpetua.
Levanto mi mano de légamo, un arañazo de lodo apenas para marcar la roca que me lanza
otra vez a cumplir la etapa demencial del ciclo.
El naufragio es el centro del río, en donde la resurrección es insurrección y el eterno prisma se rehace eternamente.
Sobre la corriente flotan los ojos del suicida que se adiestra en la orilla del enorme precipicio.
Más abajo, en la sub-agua –Batalla del Sumidero- se gesta la cocción del azufre.
Al vacío un caballo negro, sin alas, un elefante negro, con todo y pasado adentro,
un ruiseñor negro y la parte más sin luz de lo negro.
Caballo y elefante y ruiseñor y lo negro quedan suspendidos en las estrías orales,
en el horal renovándose, donde dibuja el verbo su arco heráclito,
“inmortales los mortales, y mortales los inmortales, viviendo su muerte muriendo su vida”.
Alguien se clava un puñal de sima en el vientre del vértigo, carnal hondura de la velocidad de la caída.
Vive como nunca el acantilado.
MORADA DEL COLIBRÍ (Poemurales)
Edit. Papeles Privados
1995
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