Poesía
EL RÍO
(fragmento)
Rrrrrrrrrrrrrr iiiiiii ooooooooo R
Pedregal arriba de la memoria,
en el inicio de los descubrimientos,
me veo entre un grupo de mayores,
veo mi primera infancia
lanzada apenas a reconocer el mundo.
Las bestias bufan nerviosas
y son como una quilla rompiendo la marea terrestre.
Un sol derritiéndose en forma de horno verde,
de fiebre verde, de demencia verde,
cerca los caballos
en la estrecha vereda, y ellos bufan.
Crujen las ramas, reverberan.
Nuestros cuerpos son cuchillos abriendo la maleza.
El mío, pequeñito y deslumbrado
se guarda en la sapiencia de los grandes y poco entiende.
A lo lejos se oye un rumor que crece.
Conforme avanza la caravana
el rumor se agiganta. Va creciendo.
Cada vez es mayor.
Ya no se oyen los lentos cascos de las cabalgaduras.
Yo ignoro que todo eso se llama chiapas, trópico,
desmesura.
El rumor aumenta espantando; el breve corazón se agita.
Y de pronto, en un claro del follaje... ¡Ahí!,
con su ruido sin velos, enorme, entero y claro,
el torrente desgajándose en su reino de peñascos,
grande él, luminoso.
Ahí, otra vez nuevo para los nuevos ojos azorados,
para los minúsculos oídos en donde ya no cabe tanto.
Ahí el caudal
saliendo otra vez por primera vez a la sorpresa,
reventando su matriz de clorofila.
Una palabra cruza el aire ahora fresco. Río.
Esa inmensidad que rebulle imponente entre las piedras
se llama río ¿río es? ¡es el río!,
en espera de que otros ojos
lo descubran mañana y así desde los siglos.
Sencillamente, los mayores, a la sombra de la ceiba
abren los labios y lo nombran:
dicen río, nada más, como si nada
y a unos cuantos metros,
la tierra otorga su bautizo a un niño.
MORADA DEL COLIBRÍ (Poemurales)
Edit. Papeles Privados
1995
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