Poesía
DULCINEA FRENTE AL USUMACINTA
Ella se dedicaba a jugar a las horas con el río,
lo ceñía por las noches con una cinta roja,
ponía cascabeles a sus pies líquidos
y en las mañanas era un juntar los dos pechos
con el sol en medio.
Ella jugaba y jugaba
a que el río se detenía en su cuerpo,
jugaba a la ilusión
y el río estaba ahí,
no se movía de su sitio,
mientras, ella,
era un correr de agua
hacia la mar canora.

Manco y loco ¡Arde!
Edit. Miguel Ángel Porrúa
1991
Papeles Privados
1995
Instituto Politécnico Nacional
2006 |