Poesía
DÉCIMAS LEZÁMICAS
(fragmento)
“La cornamenta difusa
suda tinta”, negro broche,
toro todo de la noche
con el calcio de Medusa.
En su escritura confusa
brama el toro sempiterno,
velo en punta cada cuerno,
reembistiendo en su lenguaje
con Octavio en el celaje,
con Orfeo en el infierno.
Espina de grado enhiesto
tras un cristal multiforme,
el iris está conforme
en su atizar el siniestro.
Con claro golpe maestro
de Espinel hasta Lezama
se coluden en la trama
los pies de ritmo cubano
y salta sobre la mano
el corazón de la llama.
De los yendos van los sueños,
picos de manga cerrada,
harina combustionada
sobre la piel de los leños.
Con atlánticos empeños,
en los espejos creciendo
los tiestos van consumiendo
las onírias que no caben;
pobres las cosas, no saben,
dormir con pupila ardiendo.
Esta espiga es el anzuelo
que devora la dehesa,
siete cielos y una mesa
inventan agua de celo.
La hormiga se vuelve anhelo
en su distancia distinta,
cosmos de veda que encinta
el tránsito minerado,
hormiga que ha navegado
el corazón de la tinta.
“Luna de rondanas viejas
con media noche de pobre”
-sobre la cara de un sobre
la sed postal de las quejas-.
Luna que sin voz te alejas
y sin metáfora alguna,
en la arista de la duna
vas hilando con tu alambre
el denso collar del hambre
luna, luna, luna, luna...
La noche traga un anzuelo
de escuela helada y oscura,
y en su epidermis perdura
lo mineral de su velo.
Origen de un escalpelo
oficiante del ocaso,
espuma negra en el trazo
de oscilante membresía,
golpe en la barba del día
al pisar sobre su paso.
Libro de siete prelados
la nube que nos rebana,
su silencio de campana
rompecabeza venados;
con los belfos castigados
sobre este tambor de arena
se deshoja en cada pena
que empena sobre el desierto,
una vagina del huerto
del libro que nos condena.
El acero hierve tinta
sobre la piel del mosaico
y en las náyades, arcaico
manotazo a cal encinta
se pinta sil que se pinta
con la madurez del barro.
El tiempo con voz de marro
desata su sed bisonte
tinta que crece horizonte,
cinta del dolor que narro.
Doble Cruz naciendo el rito,
carpinterías desglosadas,
padre de luces tatuadas
con un venir de infinito.
Su quehacer aquí descrito,
talla de la hora ebanista,
se destutela marista
y su cruz, carne y madero
entra en el fuego, primero,
poniéndole pie a la lista.
A Demócrito y Leucipo,
conjugaciones albando,
dentro de un dislate blando
blanden catalepsia e hipo.
Química del arquetipo,
sinécdoque a sal dentada,
rotor, esprea permutada
que a Demócrito y Leucipo
tiñen, dando al teletipo
conjugación en cascada.
DÉCIMAS LEZÁMICAS
Edit. UNAM
1986
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