Poesía
8 POR JAZZ
Me monto sobre el bólido
de León de Greiff.
Con ritmo y melodía
rebosamos el depósito de combustible.
La armonía y el timbre
alivian la caja de velocidades.
Arranca la máquina,
maquina distancias.
A través de un bosque de cuerpos se adivinan
paisajes
placideces
arrebatos
arrebatos a ratos,
placideces con creces,
paisajes de ignoteces presentidas;
de León de Greiff el bólido fuellea.
En viaje byroniano por las vegas de Zipa
contemplamos absortos
a una princesa maya que en mayo se desmaya
uniéndose en casorio a un gordo mandarín
cubierto con polvo del confín
(criaturas como verbos de extremas lejanías).
En el tramo que va
de angelical Verlaine a sensorial Rubén
la cetrina Cleopatra
guardaba una cascada junto al pecho
que resbalaba lasciva en cuello regio
con su veneno de agua
(en líquido lívido liquido la libido)
vimos a Igor en medio de una rueda
de tambores africanos,
a Sor componiendo un danzón en el Smyrna.
Y vimos orquídeas de Groenlandia
y los helados témpanos del Sahara.
Contemplamos Iremes y Elfos bailoteando
a saxofones belgas
y entre marimbas centroamericanas.
Conocimos la luz del movimiento
y las sombras del alma.
Todas esas y más maravillas visitamos,
recibimos
revisamos
reciclamos
sobre el bólido de León de Greiff.
Se apaga la música.
Cae el telón.
Sinfonía de los salmos
Edit. UNAM
1996 |