PERIODISMO
MÉXICO DE DÍA Y DE NOCHE
Tablada en Excélsior
El cinco de abril de 1937 –nos informa la maestra Pilar Mandujano Jacobo- José Juan Tablada reprodujo en el periódico las protestas de una asociación que aparentemente estaría formándose por entonces y cuyo título era “Camaradas infractores”. Y luego, la investigadora nos muestra la carta que esta supuesta asociación envía al poeta y que éste transmite a sus lectores: “Señor periodista: pertenecemos a una de las industrias más prósperas de esta ciudad bajo la designación colectiva de Gran Asociación Nacional Zaragatera Unidos Activamente (GANZÚA). Trabajamos en silencio y en la sombra haciendo el menor ruido posible y procurando no llamar la atención sobre nuestras personas, tratando de que los pequeños bienes de este mundo tengan un reparto más equitativo. Como usted habrá adivinado somos los lógicos productos de la sociedad mal organizada y por eso rechazamos enérgicamente el apodo un tanto zoológico de “rateros”, que nos dan reaccionarios impúdicos, y no aceptamos sino de mala gana el nombre de “infractores” que nos aplican criterios más ilustrados”.
Escojo inicialmente este fragmento del libro, porque él nos da -reverbero del talento tabladiano- el perímetro del Tablada que viniendo de una formación poética, culta, modernista-vanguardista, (veracidad de entre-siglos), ahora se nos muestra columnista (exorno de sus 30 de siglo XX), periodista en todas sus aleaciones, es decir en una mixtura de talento, cultura, sensibilidad, ironía, actitud crítica y ácreta, intuitiva, como todo buen periodista; informada, como todo periodista bueno; de “mala leche”, como aconsejaba en sus buenos tiempos Renato Leduc; y quién sabe si a las alturas de este párrafo citado, la asociación de facinerosos lo haya escogido a él como el periodista idóneo, por su caleidoscópico letramento o haya sido él –el ahora no poeta, el ahora columnista de diario- el que haya creado en los recodos de su varia inventiva, tal Asociación, o sea que se la haya sacado de su anchurosa manga llena de maravillas para ironizar acerca de los problemas que se estaban empezando a dar dentro de una estructura social con la que estaba en desacuerdo. Una cosa u otra, el caso es que existe un personaje en el centro, con una fuerza magnética que hace que pueda ser posible cualquiera de las dos posibilidades.
La figura de José Juan Tablada siempre me ha llenado de inquietud extrema, demiurgo izado ahí, en la cruz de su dicotomía, me coloca en el ámbito de la ansiosa inquisición. Aunque no es el caso de él, el único del intelecto que en lo cultural se plantea revolucionar las expresiones de su tiempo, que es devorado por el ansia de la renovación, por el inevitable vértigo de la modernidad, mientras que en lo social se planta en la nostalgia de un pasado conservador al que visualiza como el paraíso del Orden, en el que pueden germinar las nuevas ideas estéticas. Novedoso en el arte es pero también reaccio a los cambios e incluso colaborador con los regímenes que representan el pasado, un pasado-presente que el pueblo está pagando con sangre.
Dentro de los símbolos que nos da la cultura y la historia, se alza poderoso, lo que yo llamaría el Símbolo Tablada. Un hombre que está por la modernidad pero que se opone al otro cambio, hasta el grado de terminar siendo arrasado por la caballería del ejército zapatista, que como en un signo de los tiempos, penetra en su casa de Coyoacán y destruye el bello jardín en donde el poeta cultiva sus exquisiteces orientales.
Tablada se va de México en 1914 y retorna de Nueva York hasta 1936. Sale el poeta del país y retorna como si hubiera pasado por el interior de la máquina del tiempo; regresa a encontrarse con otro aire, otro sonido, otro color de las cosas, con la estridencia de los conglomerados, con las movilizaciones agraristas, con la chimenea enhiesta que en su astrágalo aéreo ostenta el flamígero emblema rojinegro. Desmesuras para una mirada que se tendrá que adecuar a esas novedades, a esa realidad que le ha arrojado sobre su realidad la máquina del tiempo.
Para ver a este Tablada en su nueva dimensión necesitamos del auxilio de la pupila del investigador, de la investigadora en este caso, quien nos coloca frente a José Juan Tablada en los años treintas, en la efervescencia del cardenismo, en su trabajo como periodista ya no estrictamente cultural, sino observador de los fenómenos sociales de los nuevos aires. Entonces la maestra Pilar Mandujano se adelanta y nos abre el libro, que como alfaguara de los tiempos nos hace lermar de las visiones proteicas. ¿Qué nos dice el Tablada periodista de los años treinta?, prístina es la interpretación que hace Pilar Mandujano de los empeños de ese Tablada. Penetra con su visión hasta los recónditos resortes de un hombre que piensa que la salvación está en la cultura, que la ignorancia colectiva es el principal obstáculo para alcanzar la tan ansiada modernidad. La investigadora nos arroja así nueva luz sobre la conflictiva situación.
México de día y de noche se titula este libro escrito por la especializada desde hace años en el tema Tablada. Se trata de una obra editada por el Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, al que ella pertenece, en donde interpreta los artículos periodísticos que José Juan Tablada publicó precisamente bajo el título de México de... entre 1936 y 1939 en el periódico Excélsior.
Para ubicar nítidamente a Tablada -el del esplendor porfiriano- en su nuevo contexto, Pilar Mandujano, con detenida pupila observa ese fenómeno político y social, sustancial, que fue el cardenismo y lo pone en nuestras manos a lo largo de 180 páginas. Es sintética y sabia Mandujano en su quehacer, y en el transcurso de su trabajo, con Tablada como motivo central, nos hace un enriquecido despliegue de situaciones históricas, políticas, sociales, culturales, urbanísticas, etc., respecto a la época estudiada.
Al mismo tiempo nos hace partícipes de su minuciosa lectura de Luis González y González, Lorenzo Meyer, Ilán Semo, Richard M. Morse, María Eugenia Negrete Salas, Víctor Jiménez, Wayne Booth, Bajtín, Alan R. Thompson, Kiley, T. S. Elliot, Henry Bergson, Ana Rosa Domenella, Scholberg, Octavio Paz, Jaime Castañeda Iturbide, Marshall Berman, Héctor Valdés, Iván Schulman, Guillermo Bonfil Batalla, Martín Vivaldi, Ángel Rama, Arturo Sotomayor y varios otros distinguidos sabios.
Con todos los elementos en juego Pilar Mandujano nos envuelve en su tejido y nos lleva a su conclusión sobre el personaje tan largamente analizado por ella. Desde muy al principio nos va perfilando su síntesis del protagonista cuando nos advierte en la apenas página 50: “Como Balzac, Tablada describe el espectáculo de una sociedad dominada por las pasiones más primitivas, pero en la cual el heroísmo de unos pocos representa su salvación histórica”.
Habla Pilar Mandujano de la modalidad adoptada por José Juan Tablada, el periodista, “imbricación de las distintas formas de expresión lingüística que ofrece una nueva categoría expresiva: la crónica-ensayo. En sus textos –sigue diciendo Pilar- el autor informa, describe, narra, interpreta, opina y califica. Sus artículos son un compendio de los diversos modos periodísticos: información, interpretación y opinión...” Esto nos lleva a pensar que también él, José Juan, ahora como periodista de su nueva actualidad, se puso a reinventar México, como en su forma violenta –antítesis del poeta Tablada- lo había intentado la Revolución.
Aquí otro juicio angular de Pilar Mandujano: “Si a Salvador Novo, el cronista por excelencia del México contemporáneo, la combinación de la crónica, el ensayo y la crítica lo mostró como un innovador del periodismo mexicano, a José Juan Tablada esta imbricación le permitirá ser, quizás, el más penetrante, incisivo y crítico de su tiempo”.
En una aseveración hecha por Octavio Paz en el prólogo de la antología Poesía en Movimiento se lee que hasta la fecha José Juan Tablada sigue siendo el poeta más joven de México. Esto habla de una mentalidad abierta, fresca, innovadora; ¿cómo entonces en los años 30 seguía añorando la paz porfiriana?, a la respuesta de esa interrogante es a la que nos lleva la inteligente mirada de Mandujano Jacobo. Como en su destino poético, el periodista de los 30 queda enclavado en sus crónicas entre los personajes del modernismo que vivió y los portentos de la modernidad que está viviendo. El nuevo mundo se le convierte en motivo de crónica y él es el enlace. Navegante entre dos luces, ¿o entre dos sombras?, ahora él, el que había dado a conocer a Baudelaire en México, es el poeta asido a la pluma del periodista para intentar el retorno sabiéndolo imposible; pero como nada es absoluto, puede no ser el suyo un intento de retorno, sino por el contrario, con el ideal de la cultura –de su suprema cultura-, ser una crítica de lo áspero de la nueva realidad, para volverla futuro habitable. Esto nos lo explica Pilar Mandujano en el cúlmine de su libro, convirtiéndolo en la tesis del mismo.
Ella concluye explicándonos acerca del desfase de dos modernidades, adoptando la visión de Iván Schulman al abordar éste el caso Gutiérrez Nájera, la modernidad burguesa como “producto del progreso científico y tecnológico, de la revolución industrial, de las profundas transformaciones económicas y sociales creadas por el capitalismo y la modernidad como concepto estético”; podemos interpretar: la del ideal cultural de Tablada, y la que trae consigo una Revolución como la que conmovió a México al principio del siglo XX, mientras apunta Mandujano: “Es decir, que las relaciones entre las dos modernidades han sido muy hostiles, pero sin que ello impida que ambas formas se estimulen y se influyan”.
Nos habla la autora de la crítica de Tablada al “peligro por la división tan tajante entre los que se encargan de hacer y difundir la cultura, y los que se empeñan por sepultarla”. (En este renglón nosotros, artistas, científicos, intelectuales, investigadores, población en general, sabemos lo que es el poder económico y político para la cultura, lo que ha sido; bien, muy bien que lo sabemos).
En el último párrafo de su libro la maestra Pilar Mandujano nos da la explicación síntesis del personaje que tanto veníamos buscando en sus señales y con ello asienta su tesis y nos deja la enseñanza acerca de uno de los grandes poetas mexicanos que más nos impactan desde el aticismo y aristarquía de su tinta. El resumen-lección se congrega en el párrafo final:
“Es muy probable, entonces, -asienta nuestra autora- que la desazón que parecía advertirse constantemente en Tablada resultaba de su comprensión del desarticulamiento entre lo económico, lo ético y lo estético por siglos en México, lo cual alejaba al país del proyecto de modernidad, con el que se identificaba el cronista. Al darse esa fractura Tablada se sentía en la obligación de luchar contra ella o al menos de evidenciarla, porque quizá era la última oportunidad para la sociedad mexicana de salir de la noche, en la que parecía empeñada en sumergirse. Las posibilidades de acceder a la luz se vislumbraban cada vez más lejanas, y si no se tomaban las medidas adecuadas, advertía constantemente Tablada, se perdería el tan anhelado camino”.
Yo, aquí, quiero cerrar con un rendimiento de admiración por la documentada y amorosa obra escrita por la maestra Pilar Mandujano y con una interrogante muy personal que me sigo haciendo desde el fondo de mis prólogos submarinos, ábraras del posterior encantamiento y caos en el que pretendo rehacerme diariamente: Amo los sistros y olifantes de Tablada,/ con toda el ansia develante/ del nóvedo helicón que nos abisma./ Pero también amo, desde el fondo y hueso/ de esa misma sangre,/ los cascos de la sur caballería/ arrasando con sagrada furia/ su jardín de Coyoacán/ (acto simbólico de la vida viva)./ Entonces, si los dos/ impulsos sanguíneos son veraces,/ ¿a qué estirpe pertenezco?,/ ¿cuál es de cierto el astro del que carne vengo?
La maestra Mandujano, Pilar Mandujano Jacobo, con su amoroso y sabio trabajo me ha acercado a una conciliatoria respuesta. Agradezco a ella tal acercamiento, y agradezco a Tablada el seguir viviendo, luz y sombra, sobre estas cosas, nuestras dulces y terribles cosas. |