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PERIODISMO

EL EXCLUSIVISMO, CÁNCER DEL PERIODISMO CONTEMPORÁNEO

En nuestros días el planeta ha reducido considerablemente su extensión debido al desarrollo de la electrónica y la tecnología en general. Dentro de este contexto los medios de difusión se han perfeccionado en tal medida que cualquier suceso óptimo o adverso para la sociedad viaja distancias impresionantes a una velocidad no imaginada por mortal hace apenas un par de centurias.

Dentro de una diferencia de horas, de minutos, sociedades que viven en otras latitudes se enteran con sólo oprimir un botón, del nuevo descubrimiento, del nuevo “milagro” tecnológico o de un atropello más del club de los poderosos en afrenta a los pueblos con gobiernos débiles (muchas veces los pueblos no tienen los gobiernos que merecen, son determinadas circunstancias históricas las que mantienen transitoriamente en el poder a las pandillas voraces, usufructuadoras de la representatividad nacional).

Con sólo oprimir un botón las lejanías son tramontadas, se captura la noticia y se conceptualiza su significado; la información acerca de una nueva obra artística se hace propiedad comunitaria o bien el conocimiento de los asesinatos que los propios gobernantes perpetran en contra de sus pueblos, de sus intelectuales, de sus periodistas, para preservar el despojo y la injusticia social, plataformas sobre las que levantan su poder y su vesania.

Así como Gracilazo lleva el renacimiento italiano a España; así como Sor Juana da cima al gongorismo en la América Septentrional; así como otros muchos actos de comunicación humana han ejercido influencia en el pensamiento colectivo en diferentes épocas y ubicaciones, los grandes adelantos tecnológicos de la actualidad (a partir de la invención de la imprenta, el desarrollo en materia de comunicación social ha sido vertiginoso) a través de sus respectivos complejos funcionales impactan y modifican las conductas de los individuos, con la diferencia de que en los casos primeramente mencionados se requería de toda una vida entregada a la creación de una obra y en el presente el hecho se desarrolla a una velocidad increíble en apoyo, en la mayoría de las ocasiones , a oscuros intereses políticos, y en ayuda para condicionar los modos de existencia y expresión de millones de seres. La información se masifica y la calidad de la misma o/y la forma se pluralizan hacia las más disímbolas direcciones.

Como parte de ese complejo funcional surgen las agencias informativas, encargadas de darnos una imagen (su imagen) del mundo. Se trata de poderosas empresas que se valen del desarrollo técnico de nuestros días para explotar el hecho noticioso y participar en la conformación de la conciencia colectiva contemporánea.

El desbocado desarrollo de la tecnología, toma un sentido en manos de estas grandes empresas, un sentido que en muchas ocasiones, con su juego de espejismos intenta descarrilar la lógica del desarrollo histórico. En gran medida el pensamiento ciudadano queda a expensas de este poder que ha extendido su red por todo el planeta, una red que va desde los grandes intereses metidos a deformar los significados de los hechos noticiosos hasta la formación de cuadros y normas que fortalezcan la existencia y los sistemas de estos monopolios de la información.

La necesidad implanta sus leyes, las leyes adecuan el elemento humano que va a servir a sus fines. La manipulación que las grandes empresas noticiosas ejercen sobre la difusión de los hechos sociales y culturales crea sus normas y para imponerlas diseña sus métodos de enseñanza. En esa forma, los poderosos monopolios de la noticia se convierten en escuela, es decir, crean los esquemas de formación en los que mucha gente va a aprender cómo se consigue, se textualiza y se difunde una noticia, siempre respondiendo, desde la universidad o la escuela especializada al ideal que las empresas noticiosas han impuesto.

En esa forma nos encontramos con que uno de los mitos más peligrosos y mayormente difundidos en la enseñanza y en la práctica del periodismo, es el de la nota exclusiva. Si las poderosas empresas noticiosas han creado el sistema ideal de enseñanza en el tratamiento de la noticia y su consecución y si este sistema está creado para la deformación de la realidad y el sometimiento de nuestra conciencia ciudadana a los designios financieros enderezados en contra de nuestros pueblos, de nuestra cultura y por lo mismo, de nuestro futuro, combatamos los preceptos de enseñanza que nos han impuesto, combatámoslos como una manera eficaz de contrarrestar el mal espíritu que les anima.

Al mito de la “información objetiva”, entiéndase por esto la difusión de la noticia desprovista de carácter social, popular, sin compromiso cívico, con lo que únicamente se viene a fortalecer a los poderosos, a gobiernos irresponsables, a los dueños de los grandes capitales, se viene a sumar el mito de la nota exclusiva.

El nefasto mito de la nota exclusiva lo único que viene a propiciar es la desinformación de la sociedad, la destrucción del sentido gremial entre los periodistas y el fortalecimiento de la explotadoras empresas periodísticas.

En todas las escuelas de periodismo existentes, se coloca a los alumnos frente al mito de la nota exclusiva, tótem magnificado del periodismo contemporáneo al que se rinde culto ciego, pero no, más bien tuerto y convenenciero. La nota exclusiva genera áreas de desinformación y hiere de gravedad al periodismo y a los periodistas en el centro del binomio valor emisor-valor receptor. Sin embargo, no existe escuela de periodismo en donde no se hable de la nota exclusiva como motor fundamental de la prensa diaria y en donde no se induzca a la mente de los alumnos hacia esa práctica. Nada más negativo que el espíritu que la alienta.

El periodismo es una de las actividades fundamentales de la vida moderna. Para que su práctica sea real. Se requiere de la participación de los tres elementos que la conforman: la empresa periodística, el periodista asalariado y el público receptor.

Entre los dos primeros elementos se crea la relación patrón-trabajador y ante ésta la nota exclusiva cumple con el papel de dar los elementos para la represión en contra de la clase laborante, una vez que el trabajador ha perdido la nota exclusiva que ganó la competencia. El que un periodista gane una nota exclusiva le da un pasajero, fugaz reconocimiento ante la empresa que lo explota, mientras provoca, por otro lado, una división deplorable y un sentido de competencia inútil entre los demás compañeros que integran su gremio.

Mientras tanto, se está actuando con una patente falta de profesionalismo ante el tercer elemento, el público receptor, el que queda capturado por avatares de una competencia dañina, sin probables armas de defensa. Un periodista, el más hábil que pudiera existir sobre la tierra, no siempre estará en condiciones de obtener la principal” para su medio, ya que tal hecho está sujeto a un complejo de circunstancias que tienen que coincidir para que el hecho se de.

El día en el que nuestro sujeto de demostración obtenga la noticia principal los lectores de su medio tendrán una información más completa que los receptores de los órganos que perdieron la noticia. Si tomamos en cuenta la gran cantidad que existe de órganos informativos, nos percataremos del número de personas que perdieron la información principal del día.

Los medios –prensa, radio o televisión- que ofrecen a su público la exclusiva obtenida por sus reporteros le niegan a su mismo público la exclusiva que obtuvo la competencia y en esa forma se da a los lectores, televidentes o radioescuchas, una información deficiente, parcial, disfrazada por el supuesto triunfo de la mayor eficacia. De acuerdo con este punto de vista, la citada es una de las poderosas razones por las que la nota exclusiva no debe existir.

En un mensaje que la NBC envía a sus reporteros se lee: “NBC cree que lo mejor que se puede hacer con la etiqueta de “exclusiva” es erradicarla totalmente... El concepto es teatral, autocomplaciente, con frecuencia impreciso, además de inmaduro e innecesario (---). En el caso de presentarse circunstancias poco comunes alrededor de la forma en la que un reportero obtiene alguna información sustantiva, lo más probable es que la naturaleza de esas circunstancias sea análoga al valor de la propia información. Sólo si la fuente nos obliga a no revelarla, entonces es aceptable decir: “En una entrevista de NBC se supo...”

Todos los órganos de difusión deben tener acceso a la misma información, sobre todo si ésta es de vital trascendencia para el país o para los sectores en los que esos órganos ejercen influencia.

Mentira que en esas condiciones el periodismo resulte uniformado; cada órgano posee su propia línea, tiene y mantiene su propia posición ideológica, lo cual le da al tratamiento de la noticia un carácter diferente en cada caso. El receptor busca en el medio de información al que tradicionalmente acude, la interpretación del significado de la noticia que le interesa desprovisto del temor de haber quedado fuera de la nota exclusiva ganada por otro órgano dentro del oscuro juego de rapiña , creado a imagen y semejanza de la más pura esencia del capitalismo.

Como se ha visto, no es cierto que si hubiera una mayor coordinación entre los asalariados-periodistas, todos los periódicos saldrían iguales y los medios por lo tanto perderían interés para el sector receptor. Cada medio sustenta una ideología y la noticia es tratada dentro de su particular posición y punto de vista. Esto proporciona una gran diversidad de enfoques de una misma información. Con ello se cumpliría más con el público y se le proporcionaría a éste una información total, a la que tiene derecho y por la que, finalmente, paga. Se subraya: el receptor estaría mayormente informado, no habría perdido la noticia ganada por los otros medios y tendría en cambio variados enfoques del hecho noticioso que le ayudarían a desentrañar los fenómenos sociales, políticos y económicos del mundo en el que está viviendo.

El otro punto reprobable de la nota exclusiva es la competencia descarnada, irracional a que son sometidos los reporteros por parte de las empresas periodísticas, hasta el grado de que los mismos periodistas, viviendo todos los días sobre la tabla de la zozobra han terminado por denominar el hecho de ganarse la noticia los unos a los otros, con el muy ilustrativo neologismo de “chacaleo”, el verbo chacalear, así de representativo, ha acrecentado el argot periodístico con un sentido abominable. El periodista azuzado por la oportunista empresa periodística se convierte en un chacal, pronto a chacalear.

En esta práctica de desinformación para el lector, el escucha o el televidente, el periodista inconscientemente abate el sentido gremial de su profesión. Todos son enemigos de todos. Cada uno es el chacal del otro, hecho que beneficia a las gordas empresas de la información. El trabajador se convierte en enemigo a muerte de su hermano trabajador; el hermano de clase y de profesión, está pronto día con día a asestar la puñalada en la espalda de su hermano. Caín inicia el día ideando la mejor manera de aniquilar a su Caín mientras la empresa mantiene en alto la espada que dejará caer sin compasión sobre el Caín que haya perdido la noticia de ese día.

El juego de siempre con su maldita estructura ; por un lado, la empresa poderosa explotando, exprimiendo al trabajador, creándole cuadros de pavor e inseguridad; por el otro, la clase trabajadora destruyéndose entre sí para favorecer irracionalmente a sus propios explotadores.

El tercer daño que causa la nota exclusiva , al que llamaré la tercera gran derrota del periodismo contemporáneo es la censura y la autocensura que esta nota exclusiva facilita, mediatizando en esa forma lo que debería ser una información veraz y oportuna, mayormente reclamable en una sociedad en la que los acontecimientos se dan dentro de un vértigo tal que la confusión, al no tener una explicación detallada de los acontecimientos, crea lo que aquí denominaré el caos de la opinión pública.

Dice Raúl Rivadeneira Prada en "Periodismo. La teoría general de los sistemas y la ciencia de la comunicación" que censura y propaganda son elementos inherentes a todo sistema sociocultural y agrega: “La imprenta de Gutemberg nace como instrumento maravilloso para la propaganda, pero como arma diabólica a la que se opone todo el arsenal de la censura”.

De esta realidad surge un necesario control de la imprenta por parte de quienes dirigen los intereses políticos o económicos de los países. Sin embargo la necesidad de comunicación que tienen las sociedades han hecho que mediante la instrumentación de las llamadas leyes de imprenta se ganen mayores espacios dentro de la requerida “libertad de expresión”, aún sobre la intencionalidad de leyes tramposas que continuamente tratan de imponer los gobiernos.

Pero, esa libertad de expresión que el texto de la ley establece, sobre el campo de los hechos es enfrentada por un sinnúmero de vicisitudes que en la mayoría de los casos no alcanzan ha ser superadas. Si no existe una censura legal (aunque sobre el terreno de los hechos seamos testigos de cómo se persigue un programa radiofónico en el que se expresa libremente la ciudadanía o cómo un caricaturista de una revista semanal, debido a sus punzantes críticas es pasado de la primera página que se le tenía asignada a páginas interiores, por “necesidades técnicas”), si no existe una censura legal –decía- ésta es promovida meditante diversas prácticas que van desde el soborno, la iguala o el “embute” hasta el mismísimo asesinato de periodistas.

La selección de noticias, la manipulación de las mismas, la intención “moral” de ciertas entregas, la verdad a medias, la escritura entre líneas, son algunas de las formas como se lleva a cabo la censura en los medios de información. Entre más perfeccionados son éstos, las formas de limitación son más efectivas.

Así es como ha crecido –tangencialmente al precepto legal- la censura y la autocensura en los medios precipitando a la ciudadanía hacia otro terrible mal, consecuencia directa del aquí tratado, el rumor. En una sociedad mal informada o informada a medias, la necesidad frustrada de desentrañar el significado de los hechos y de conocer plenamente los hechos mismos, termina por generar el rumor, entorpeciendo y deformando la correcta y sana convivencia social.

Mientras tanto las universidades –al servicio del régimen que las mantiene- las escuelas especializadas de periodismo, los órganos de adiestramiento periodístico, continúan quemando incienso, elevando actos de consagración a la bestia inmaculada, la nota exclusiva, la que tramposamente, como trampea siempre el sistema del capital, ofrece la ilusión de una información veraz y oportuna y en su esencia sólo da a la sociedad una lamentable desinformación en su intento de capitalizar la ausencia de un mejor conocimiento de la realidad.

Con la “objetividad en la noticia”, la “nota exclusiva” y muchas otras trampas que las grandes empresas periodísticas y las agencias de noticias extranjeras, sostenidas y defendidas por las metrópolis agresoras se ha venido deformando el rostro real de nuestro tiempo.

¿En donde se debe atacar el mal?, en los esquemas de formación que se imponen a las nuevas generaciones que se harán cargo del manejo de los mass media; esa será una forma efectiva para intentar la neutralización de las agencias extranjeras y obligar a las empresas nacionales a dar mejor servicio a la sociedad.

Si los sectores sociales más conscientes empezaran a trabajar en este sentido, se ayudaría a crear las condiciones para el saludable cambio, por remoto que parezca en nuestros días. Por lo menos tendríamos mayores armas para enfrentarnos a la acción corruptora que trae a nosotros datos falseados, deformaciones que se vienen a unir a la autocensura que de por sí se aplican los órganos informativos cuando no los propios reporteros para crear el ámbito de la desinformación.

Habría mayores posibilidades de que los obreros independientes pudieran ver expresadas sus demandas; de que campesinos e indígenas tuvieran mayores formas de defensa frente al asesinato propiciatorio del despojo; de evitar una mayor deformación de nuestra imagen hacia el exterior; de que compañías televisivas mintieran menos con respecto a los pueblos que luchan por su libertad en otras latitudes; de que no se pusiera en la misma balanza a otras naciones junto a la rapiña estadunidense cuando se habla del desarme mundial y de situaciones que ponen en peligro la paz mundial; que se tuviera mayor respeto a la ciudadanía, la que merece una mejor información acerca de su presente y de las perspectivas de su destino.

“Ya que este tiempo ha creado una indeterminable fuerza de destrucción –dice José Lezama Lima- hay que crear una indeterminable fuerza de construcción que fortalezca los recuerdos, que corporice los sueños, que fije las imágenes, que de el mejor trato a los muertos, que de a los efímeros una suntuosa lectura de su transparencia”.

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