NARRATIVA - BREVE ANTOLOGÍA PERSONAL
Testimonio Ernestino
Pero no era cierto. Aquel pueblo no se había quedado sin músicos, al menos totalmente. Según el Testimonio Ernestino, clasificado puntualmente en los Archivos de Neumas a Tablaturas y Desarrollos Contemporáneos, la llamita de la música había quedado viva en la presencia inextinguible del mulato Nicolás Días, El cubano, el bongocero, quien vivía a unos cuantos pasos de la barda en donde empezaba el panteón del pueblo. Por quién sabe qué misterios de las tramas, un día cruzó el mar y vino a vivir a este paraje, tan lejos de su isla. Fue el único que no se pudo ir cuando el éxodo de los músicos; es que una vez soñó que defendía a su patria invadida por feroces enemigos; cuando despertó, después del violento combate, había perdido el movimiento de sus piernas; quizá por ello no se pudo ir cuando el éxodo. El caso es que el mulato Nicolás se quedó, con su bongó a cuestas, y pronto fueron requeridos sus servicios para bodas, quinceaños y ceremonias litúrgicas. Entonces las misas y los rosarios se volvieron a adornar con sonidos: Dios te salve María... salta la Negra Nery sobre el tablado, ahé... llena eres de gracia... plan plan plan rataplán plan plan, sobre el tablado... el Señor es contigo... quema la cadera ahé, quémate en tu sangre ahé, quema tu tambor ahé... plan plan plan rataplan, ahé... bendita eres entre todas las mujeres... La negra Nery se viene, La negra Nery se fue, baja el licor de la noche, luna de brasa y carey... bendito sea el fruto de tu vientre... baja el universo todo para arder... Jesús... plan plan plan rataplán, ahé... santa María, madre de Dios... La negra Nery que viene y viene, La negra Nery que va y se fue...ruega señora por nosotros los pecadores... La negra negra, que arda La negra... ahora y en la hora de nuestra muerte, amén... ¡Quémate poema! ¡Ahé!... Ahí, ahí estaba la llamita de la música, viva... como siempre... para siempre...
De: OPUS 20
Inédito
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