NARRATIVA - BREVE ANTOLOGÍA PERSONAL
El soñado viaje
Allá, entre los extensos magueyales y el lomerío adornado con arrayanes y capulines, empezó su sueño. Era el clarinetista de la banda de su pueblo y alguien le había contado de la existencia de una ciudad lejana en donde estaba, según el cuento, el mágico origen de la música. Desde entonces, sus sueños tuvieron el raro nombre de Viena, y él reiteraba: “esa tan mentada ciudad de Viena, yo sé que es el lugar en donde la música fue dada a luz”. En sus sueños siguió inventando, a su manera, aquella lejana cuna de la música y soñaba también que algún día, algún día, estaría ahí. Y cuando eso fuera, no iba a decir que él era el clarinetista de su pueblo, cómo iba a decir eso cuando estuviera entre los grandes maestros que viven en la ciudad en donde la música nace. Iba a decir tan sólo que se dedicaba a capturar zenzontles y gorriones en la amistad del campo. Un día el clarinetista desapareció, no se le volvió a ver en las escoletas de la murga. Su ausencia se prolongó a tal grado, que varios del pueblo entraron en preocupación y fueron a buscarlo a su domicilio, del otro lado de los arrayanes. Del clarinetista no encontraron ni clarinete ni cadáver, sólo un papel pergeñado con su letra primitiva en el que se leía: “A nadie se culpe de mi ausencia. Nadie me busque, me fui a Viena, en donde se que nace la música; a Viena me fui por voluntad propia, y quizá no vuelva”.
De: OPUS 20
Inédito |