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Por este lado del mundo

Hoy, por medio de la columna "Molinos de viento" del periodista Roberto Rodríguez Baños me enteré del crimen del que acaba de ser víctima en el interior de su domicilio la actriz y gran amiga nuestra, Julia Marichal, hija del escritor Juan de la Cabada. (La noticia me fue confirmada por la maestra Ysabel Gracida). En medio del dolor que me causó la noticia recordé que en 1998 el Instituto Veracruzano de Cultura publicó mi libro "Négridas", y que de acuerdo con sus lectores, el poema más importante que le integra es "Por este lado del mundo", que fue escrito precisamente para Julia, la que en aquel entonces presentaba un espectáculo poético denominado "Caribe Negro". Hoy, después de saber del asesinato (uno más en este México nuestro tan lastimado), decidí escribir ésto como un intento de breve homenaje para nuestra inolvidable Julia Marichal, digna representante de una de las tres raíces principales que conforman nuestro ser latinoamericano.

POR ESTE LADO DEL MUNDO

a Julia Marichal

Por este lado del mundo
repica nuestro tambor,
cuero rojo, cuero negro,
tiquitac del corazón;
aquí la madera canta
lo mismo que canto yo
y va sangrando su carne
con el chorro de su voz,
marimba de siete lanzas
tiquitac del corazón.

¡Ea!, negra, seno al aire,
matraca de mi canción,
vientre redondo mi negra
entre los velos del ron,
gajito de arrecha noche
tiquitac del corazón.

Baila la negra clavada
entre la rumba y el son,
suda que suda y resuda
el tiquitac del tambor,
tumba tumba tumba tumba,
tumba de mi, tumba en sol,
tumba de la negra alegre,
grupa gruesa, ronco ron,
marimba que siembra el canto,
canto que canta el cantor,
tumba tiquitac que tumba,
tiquitac que tumbo yo,
tumba tumba tiquitaqui
clavel de clavija en do,
negra que baila clavada
entre la rumba y el son.

Negra, negrita del alma
ya se te cansó el tambor,
ya no te rezumba el mango
como antes te rezumbó,
caimito de media risa,
pedacito de carbón,
negra de carne dolida
hasta donde duelo yo;
negra acostada mi negra
sin marimba ni doctor,
negra tosienta mi negra
que escupes tu roja voz
y dicen que son pedazos
que arrojas de tu pulmón
y yo se que están mintiendo,
no son cosas del pulmón,
yo se que es el tiquitaqui
que masticas sin calor,
el tiquitaqui que sale
cansado como tu voz,
yo se que es el tiquitaqui
tiquitac del corazón.
Negra mi negra,
la rumba
que pronto se te cansó,
que pronto se te ha cansado
la clavija de tu son,
negra mi negra que escupe
tiquitac del corazón.
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Un petate, cuatro velas,
marimba barata y ron...

De qué noche habré venido,
a cúal otra noche voy,
qué crestas de amargo oleaje
me han montado esta canción
cargada de sal y espuma,
manchada de luna y sol.
De qué rama oscura vengo,
de qué luz, de qué tambor,
qué abuelo nadó entre sombras
las cadenas del terror,
qué rutas abrió en el agua
la llaga que le quemó,
qué látigo le hizo cruces
en las selvas del amor
tumba tumba tumba tumba
tiquitac del corazón.

Por los océanos pacíficos
encadenado rumor
que fue embarcado en Manila
la espuma amarga bebió
y la hizo tecla y palmera,
y la hizo sangre y tambor,
y la vistió viento nuevo
bajo novedoso sol
y desembarcó en las costas
de banano y de sudor.

Aquí te supe mi negra,
piel de zapote y danzón.
Aquí te supe marimba
del mas encarnado son,
y fuimos el negro y rojo
latido de esta región
y fuimos el rojo y negro
tiquitac del corazón.

Para el negro sólo hay luna,
lluvia, ron,viento, tambor,
para el negro sólo hay rumba
para el negro no hay doctor,
por eso negra del alma
fuiste arrojando tu son
en diez bocaradas rojas
que la noche se tragó.

Que del pulmón decian unos,
pero otros decían que no,
que te había dado macizo tiquitac del corazón.

Negra, negra, no te mueras
que aún nos sobra danzón,
no dejes que por ai digan
que el hambre te apuñaló;
levanta la cara, negra,
que la luna es un tambor
que está esperando tu sangre
sobre este filo del son.

Baila, canta, ríe negra
con el ritmo de tu tos
que no digan que has cambiado,
que el hambre te apuñaló.

Tómate la noche, negra,
clávate en este danzón,
tose tu bandera roja
con la lengua de tu voz
y vamos al cielo a darle
tiquitac del corazón.

Ya no estés triste mi negra
porque aunque no aiga doctor
en la vaina de la noche
estoy bailando tu sol
hasta que dejes tu cuerpo
bailado en este rincón,
con tu cobija de sombras,
con mi sombra en rebelión,
un petate, cuatro velas,
marimba barata y ron.
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Negrita de amor dormida,
apagadito carbón,
ya no me dijiste nada
pero al buscar tu canción,
por el camino la noche
como un negro caracol
me fue enredando en tu cuerpo
y tu cuerpo se hizo el son.

Fue entonces cuando mi negra,
tiquitac del corazón,
sentí
la verdad del son,
alcé
la verdad del son,
creí
la verdad del son,
grité
la verdad del son,
crecí
la verdad del son,
canté
la verdad del son,
bebí
la verdad del son,
bailé
la verdad del son,
reí
la verdad del son,
ahé
la verdad del son,
ahé
la verdad del son,
ahé
la verdad del son,
ahé
la verdad del son,
la verdad del son,
la verdad del son,
la verdad del son,
la verdad del son
del son,
del son,
del son,
del son,
son,
son,
son,
son,
son.

¡Negra! ¡Despierta! ¡Levanta!
¡Arremángate el pulmón!
¡Toma un trago de marimba
en los teclados del ron!
Cadera hecha de timbales
echa el tambo pal danzón
y vamos al cielo a darle
tiquitac del corazón.

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