Libros nuevos de Roberto López Moreno
Comprar libro en Ala de Avispa Editores
En ese sentido la polifonía de los Poemas Murales o Poemurales, como los nombras, son una fuerza orgánica vital proveniente del muralismo y de la preocupación social que plantea desde su esencia latinoamericana…

A esta propuesta le denomino Poemurales justamente como un acto de reconocimiento a lo que nos dieron los grandes muralistas mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco, Fermín Revueltas, Xavier Guerrero, Roberto Montenegro, Dr. Atl, Jean Charlot (francés que nos aportó mucho), Fernando Leal, Ramón Alva de la Canal, Carlos Mérida (guatemalteco que participó con su talento entre nosotros), Carlos Orozco Romero, Emilio García Cahero, Máximo Pacheco, Pablo O’Higgins, Alfredo Zalce, Jesús Guerrero, Juan O’Gorman, Julio Castellanos, José Renau, Rufino Tamayo, Raúl Anguiano, Francisco Zúñiga (otro centroamericano que nos enriqueció), José Chávez Morado, Leopoldo Méndez, Antonio Pujol, Aurora Reyes (la primera muralista mexicana), Fernando Castro Pacheco, Miguel Covarrubias, Jorge González Camarena, Manuel Rodríguez Lozano, Vlady, Fanny Rabel, Arnold Belkin (canadiense fallecido entre nosotros), Federico Silva, Pedro Coronel, José Hernández Delgadillo, Leopoldo Flores, Mario Orozco Rivera, Adolfo Mexiac, Benito Messeguer (venido entre los niños de la República Española), Guillermo Ceniceros, Carlos Humberto Valncia, Francisco Moreno Capdevilla (otro español nuestro), pero principalísimamente David Alfaro Siqueiros, a quien el “poemuralismo”, considera el de mayor compromiso con la modernidad americana.

De ahí que a lo largo de tu obra poética, evidencias preocupaciones sociales, artísticas, políticas y estéticas, entre otras, ¿cómo entender -ahora, como lectores tuyos- ese aliento desde lo cotidiano y el tratamiento “moderno” del verso?

Para eso son precisamente los Poemurales, para que quepa todo eso en un solo envión que lleve la carga de los tiempos para desentrañar el nuestro y diseñar lo que vendrá. He escrito libros con preocupaciones sociales y otros con preocupaciones políticas y estéticas, y de pronto me encuentro con que todo junto puede ser el hilván, un cuerpo orgánico formado por todas las partes del dodecaedro del que hablábamos. El río, iguana hidráulica, arrastra muchas cosas que recoge a su paso, pero al final, como al principio fue, es el río. Todo eso es el río y va con todo. Así el verso en un Poemural puede ser desde un “chingadazo” sonoro y populachero que resuelva su dinámica en un simple y lacónico ¡ah!, hasta un planteamiento que nos dicte: ax+b=0 que irremediablemente se va a convertir en ax=-b.

Desde esa perspectiva ¿es posible hoy hablar de experimentación en nuestra poesía mexicana?

Obviamente, baste con reconocer que desde el momento en que alguien se sienta a escribir un poema está iniciando un acto de experimentación. Pero no se trata tampoco de quedarnos en esa respuesta elemental. Veo en las nuevas generaciones de poetas un manejo del lenguaje que difiere mucho al que se utilizaba hace apenas unas décadas. Claro que en el proceso se cuelan los oportunistas que siempre hay. Las aguas están revueltas. Pero finalmente la calidad misma del que crea va aclarando el lomo revuelto de la iguana hidráulica. Por otra parte, simplemente, mi propuesta de los Poemurales, es una invitación a la experimentación a fondo.

En tu libro 13 sonetos + 1 sonejo = 14 dolores y 1 gozo… el silencio o catorce sonetos, escribes una disertación, contra el soneto, quizá la más astuta e inteligente escrita en nuestra lengua, ¿cómo asumes tu tarea inquebrantable de experimentación telúrica con el verso? Me explico, ¿es posible experimentar desde la forma del soneto, apegado a la “tradición” o dentro de la “tradición” no ocuparse ya del soneto ni de la forma y dar rienda suelta a la experimentación?

Considero al soneto necesario para el dominio pleno del lenguaje, la iguana nos da el verso en el aguaje para ser colibrí puntual y diario. La corriente, dinámico escenario, va inventando distancias en su viaje, y es torrente y canción entre el follaje dominando formal su abecedario. Se trata de ceñir lo más posible la palabra, que impuesta como reto pierde el perfil sereno y apasible. Para darnos dominio, es el secreto; para darnos la horma en lo sensible. Para eso es que es tan útil el soneto. Cabalgada la tinta, verso a verso descubre sus paisajes cintilantes y los verbos sonoros, militantes, son saetas que suma el universo. Suma, rezuma del arcón disperso con la frase esterlina y sus diamantes, recogiendo el latir de los instantes con matices de vérbero diverso. El caudal suma a suma multiplica el rumor de los siglos que indiscreto al tramado del tiempo bien se aplica. Y descorre del cosmos lo concreto que con la tinta que en ardos se radica, para eso es que es tan útil el soneto.


En el mismo tenor, ¿cuál sería el infalible árbol sustentáculo de la tradición hispanoamericana que todo poeta debe concebir en el instante de la escritura?

El inevitable viaje de Darío hasta Girondo.

Asimismo, ¿cuál para hallar a los lectores de poesía, ahora que parece preocuparnos demasiado no tropezarnos con ellos?

Nos seguimos muriendo los muertos, nos seguimos enterrando lo mejor que podemos y permanecemos insistentes, seguimos estando, sin estar estando, hablando por la boca del tiempo. Nerval se suicidó colgándose de un poste, en París. Su muerte en esa forma diseñó la imagen de un arbotante irrumpiendo en la penumbra citadina. Por su parte, en Israel, Rosario Castellanos fue agredida hasta la muerte por el voltaje de una lámpara. Entonces, por lo advertido, el poeta tiende a convertirse en luz y la luz tiende a calcinarlo. El voltaje que lo destruirá es al mismo tiempo su fuerza de atracción. ¿Qué lector, cuál, llegará hasta la lámpara que me electrocuta para a su luz leer mi último verso que de esa manera se estará convirtiendo en el primero? Decía G. H. Hardy que los modelos de un matemático, al igual que los de un pintor o un poeta, deben ser hermosos, que “las ideas, como los colores o las palabras, deben ensamblarse de una forma armoniosa. La belleza es la primera señal, pues en el mundo no hay un lugar permanente para las matemáticas feas”. Asumamos la luz de la lámpara para atraer al lector que nos asuma mientras asumimos nuestro destino de polvo… sombra… y nuevamente la palabra.

Finalmente, Roberto, ¿qué asombros amparan tu escritura reciente? ¿qué atajos construyes entre tus lecturas y la escritura?

Ustedes, las nuevas generaciones, son las que mejor me alimentan en este momento de obligadas renovaciones. Con lo que ustedes me dan, más lo que ya venía arrastrando (la vida) estoy haciendo mi nueva lámpara. El inventor de la marimba (a mediados del siglo XIX) don Corazón Borraz, falleció en mi pueblo, atropellado, ya en edad muy avanzada él, por un carretón repartidor de leche. Por eso para mí, Huixtla es en donde todos los días nace la música. En donde la lámpara desbocó el tiro de mulas. De ahí partí un día para encontrarme con ustedes, las nuevas generaciones, las que vienen caminando a la luz de la lámpara.

"Son pocos mis premios y en casos muy especiales, no soy persona que me guste andar compitiendo en asuntos de versos".

 

Subir
Índice Sitio Roberto López Moreno
Leer más ....
Síguenos en el Facebook Roberto López Moreno