
Me levanté yo también y entonces Othón nos presentó. Juan Helguera siempre ha provocado mi admiración, lo sabe todo de todo y sabe al dedillo que está sucediendo en el mundo día con día. Cuando escuchó mi nombre (tenía apenas tres días que se había publicado en una chiquitita nota y además era la primera vez que salía mi desconocido nombre en los periódicos). El alargó la mano y muy serio me dijo: “lo felicito por su premio, tenemos nuevo poeta”. Quedé perplejo y a partir de ese momento empecé a frecuentarlo como amigo. Como compositor, es el representante del espíritu de Satie en México y así lo escribí en uno de los ensayos que más quiero, titulado: “Cuando Erik Satie en la ciudad deTaxco”. Hasta la fecha es uno de mis amigos más cercanos, siempre le estoy aprendiendo algo. Tomé clases de música con él y cuando por razones de trabajo le dije que no podía continuar, me expresó que estaba bien, pero que solamente me pedía un enorme favor, y con su clásico sentido del humor “maligno” me dijo: “no le digas a nadie que fui tu maestro… por favor…”
Has escrito de Juan Bautista Villaseca, “maravilloso poeta, tan olvidado y desconocido y lastimado por la indiferencia de los que han escrito la historia de nuestra poesía”, háblanos de tu relación con el poeta y de ese diálogo que la reinvención poética construyó también con Lezama Lima.
Juan Bautista Villaseca era médico de profesión. Murió joven, en las garras del alcoholismo, pero el suyo era un alcoholismo lento, callado, silencioso, sin euforias ni desbordamientos, diluido en una vasta cultura literaria. Era un genio y nos lo hemos estado perdiendo más para nuestro mal que para el de él. Era hijo de un culto médico chileno y una señora humilde originaria del estado de Guerrero. Sufrió muchos desengaños, muchas promesas que nunca le cumplieron. Hasta la fecha se desconoce su obra. Armé una antología, “Variaciones de invierno”, con varios de sus libros, todos aparecidos como ediciones de autor, hechos con el dinero que algunos amigos que podían económicamente, aportaban de vez en cuando. De ese libro, con ilustraciones de Leticia Ocharán y Mario Orozco Rivera apenas pude hacer 250 ejemplares que se perdieron en el tiempo y la distancia. Era un gran poeta de dominio absoluto en el verso libre y en los metros clásicos, todo cabía en su pluma y derramaba luz así tocara los temas más sombríos. Como una pequeña muestra de su poesía en verso libre citaré el inicio de su poema “Diurno del bar”. “El bar es el exilio de un sonámbulo/ que llega hasta la barra y se suicida. El bar es el agricultor, es el obrero, es el poeta,/ que cansados ya de hablarle al campo, al sindicato y a la vida/ se van a oír como les suena el alma entre los vasos./ El bar es un puñal de doble sueño”… Cuando se trataba de metros clásicos decía cosas como: “Para decirte adiós no me cabría/ la sílaba del mar ni del pañuelo/ ni la descalza carabela en vuelo/ de la alondra polar de la agonía. Cuando se dice adiós la luz se enfría”… y así hasta complementar el soneto. Es una lástima. La conversación que sostuvo con Lezama Lima y de la que nos da testimonio la crítica de cine Ysabel Gracida fue muy rara, porque Lezama sólo estuvo una vez e México y los tiempos no coinciden. Según eso, que va tomando la contextura del mito, el diálogo se inició en la ciudad de México y concluyó en la casa de Trocadero en La Habana, a donde media humanidad (la sabia) iba a conversar con Lezama. Ysabel Gracida llegó a Trocadero en un medio día en el que el sol habanero hacía ver visiones, llegó y tocó, tocó y entró, entró y oyó, oyó y relató, y tal diálogo (¿sucedió en realidad en México? ¿Sucedió en realidad en La Habana?) me he encargado de difundirlo como dicen los que dicen que sucedió. Se encuentra, íntegro, en las tres ediciones que existen de mi Poema a la Unión Soviética, en varias revistas literarias y en las secciones culturales de diferentes diarios. Últimamente lo reproduje también en mi más reciente libro de ensayos “Vuelo de tierra” que acaba de publicar el CONECULTA de Chiapas. De dos poetas de esa fuerza imaginaria se podía esperar todo, hasta el más cumplido acto mágico, para eso Villaseca era Villaseca y Lezama, Lezama. Para eso, y para más. |
| "Asumamos la luz de la lámpara para atraer al lector que nos asume mientras asumimos nuestro destino de polvo... sombra... y nuevamente la palabra". |
La militancia de la sangre en el puño, la hoz y el martillo, la negritud, la piel anterior a la música, los poemurales desde la conciencia precolombina imponente entre piedras, son continentes vastos de tu poesía, entre otros, ¿cómo dialogar con ellos? ¿dónde se insertan dentro de la inmensa tradición poética latinoamericana?
Aparentemente se nos vino abajo el sueño, como un violento despertar para los que soñábamos con un mundo más justo, de mayor equidad, de respeto entre los seres. Fue estrepitoso el derrumbe, entre pitos y matracas de muchos, como si con eso hubiera ganado el hombre y no al revés, como fue el haber dado un vertiginoso salto hacia el pasado. Pero las necesidades siguen estando ahí, más que antes, peor que antes y algo tendrán que hacer los que sueñan, y entre los que sueñan se encuentran los poetas, el poeta, ábrara de toda teoría. En Chiapas don Armando Duvalier nos enseñó a izar la voz como tambor, nadie le quiso seguir en el empeño. En América Latina la presencia del negro era una llaga profunda provocada por esas desigualdades que el sueño soñó en erradicar alguna vez. Grandes poetas de nuestra Latinoamérica con versos hicieron tambores. En Chiapas fue Duvalier pero nadie le siguió. Después, cuando ya iba a terminar el siglo XX, decidí cerrar el ciclo que él había abierto en la primera mitad de la centuria. Aprovechando mis disposiciones hacia la música fui la continuación de Duvalier, su continuación y su clausura. Escribí mi libro Négridas que fue publicado por el Instituto Veracruzano de Cultura. “Angus, las Angus, en dónde están las Angus/ ¿En dónde las Angus prendieron tambor?/ ¿De dónde hasta Huixtla?/ De Huixtla hacia dónde?”… Duvalier no había trabajado en vano, el círculo se había complementado. Pero, por lo tanto, quedaba el espacio abierto para nuevos ensayos en búsqueda de un nuevo discurso poético latinoamericano, algo nuestro en geografía y contemporaneidad que abriera nuevos y extensos campos para la expresión de nuestras cosas. Así fue como surgió mi propuesta poética denominada “Poemurales”. En México se ha hablado poco de esto, pero cuando he sido invitado a encuentros con poetas en otros países, Argentina, Colombia, Macedonia, Estados Unidos, etc., la propuesta ha despertado un gran interés y se ha discutido minuciosamente. Actualmente tengo una página web: robertolopezmoreno.com, ahí se puede encontrar amplio material sobre esta propuesta que radica principalmente en utilizar todos los lenguajes, sin prejuicios ni falsas purezas, que la contemporaneidad nos ha dado y poder así, de una manera lo más amplia y moderna, tratar nuestros asuntos. El reto estriba en que utilizando desde versos populares hasta ecuaciones, el poema, que en esas condiciones tiene que ser de largo aliento, se vea como un río que arrastra muchas maravillas pero no un largo cuerpo hecho de un montón de pegotes. Ese es el reto y sólo el talento poético puede superarlo. El gobierno de Chiapas publicó un libro, “Entre la iguana y el colibrí”, en donde el joven poeta Jorge Solís Arenazas aborda doctoralmente este asunto de los “Poemurales” y el Instituto Politécnico Nacional editó, por su parte, mi libro con siete “Poemurales”, bajo el título de “Morada del colibrí”. La cultura de América Latina se desarrolla dentro de su propia morada, que es el espacio que forman el ángulo recto integrado por la línea horizontal, representada por la iguana, la que recorre el territorio milímetro a milímetro y por lo tanto es la constante del conocimiento, y la línea vertical, representada por el colibrí, que es la imaginación que surge del conocimiento e inventa el vuelo. Los “Poemurales” pretenden recoger las enseñanzas de un Vallejo, de un Huidobro, de un Lezama, de un Neruda, de tantos, tantos nuestros que nos han dado palabra y alas, y trabajar un nuevo discurso y volver a alcanzar el sueño; nos es justo. Adolfo Castañón ha comentado: “López Moreno se inscribe desde luego en un linaje específico de la poesía hispanoamericana y que, para darme a entender aquí, llamaré expresionismo-barroco: es la idea formal, la línea que viene desde el último Darío”… y luego menciona una serie de nombres que por pudor no cito.
| "Veo en las nuevas generaciones de poetas un manejo del lenguaje que difiere mucho al que se utilizaba hace apenas unas decádas". |
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