Libros nuevos de Roberto López Moreno
Comprar libro en Ala de Avispa Editores

CUENTOS

En la garganta del vampiro - Leer en PDF

Y cuando despertó estaba ahí, en la garganta del diablo.
José Lezama Lima


Dicen que se acostó en medio de aquel frio jijo de toda su…Un frío que golpeaba las sienes con su halo entumecedor. Los postes de la calle, el cableado eléctrico, el pavimento escarchado, ¿qué podrían decir de ese frío en desmesura?, ellos, mudos siempre tan, mudos en medio del álgido absoluto, como una aseveración...Dicen que se acostó en medio de aquel frio jijo de toda su…Un frío que golpeaba las sienes con su halo entumecedor. Los postes de la calle, el cableado eléctrico, el pavimento escarchado, ¿qué podrían decir de ese frío en desmesura?, ellos, mudos siempre tan, mudos en medio del álgido absoluto, como una aseveración Christoph Rudolffiana… simplemente irrebatible; ellos… postes, cables, pavimento, silenciosos hasta el hielo semilíquido que los cubría. Dicen que logró conciliar el sueño no obstante aquel heloentorno mortífero con su alarido congeladocongelador; que logró dormir dicen, que durmió, durmió, que alcanzó a alcanzar el sueño y que cuando despertó, el día todavía estaba ahí, entrando apenas en su noche de 24 de diciembre. Dicen que se levantó aterido, en plena conciencia de la fecha que tiritadora tenía untada en el cuerpo y la conciencia: “24 de diciembre –dicen que dijo- momento excelente como para que me vaya cargando la chingada”. Dicen que él siempre manifestó un hondo rencor por esa fecha, la que depreció con vehemencia, desde el fondo de sus huesos, la que siempre consideró la fecha maldita de todo calendario, el triunfo anual del individualismo y la hipocresía. La noche en la que se juntan las familias escondiendo sus envidias mutuas y sus arteros celos por el bien del otro, sus chismes a flor de piel, sus rencores, sus frustraciones frente al triunfo ajeno, el abrazador y el abrazado con su falsa alegría ambos: ¡Feliz Noche Buena-Feliz Navidad!... la noche paradigma del egoísmo, la noche en la que el que tiene familia se reúne con la familia, sin importarle en lo más mínimo el que no la tenga, como era su caso. Dicen que odiaba hasta las entrañas esa noche de la autocomplacencia disfrazada, en la que todos (los con familia) se deseaban parabienes y brindaban y eran felices con la familia reunida un año más. Dicen que entonces, pensando en ello, se levantó de su lecho en desorden de muchos días, se frotó las manos con insistencia, y que íntimamente mentoles la madre a los con familia, “humanitarios navideños”. Dicen que pensó que lo mismo era morirse de frío ahí encerrado que a media calle de la calle. Entonces, dicen que, por establecer contrastes con los que a esa hora empezarían a brindar por la paz de los seres, encerrados entre sus egotadas paredes familiares, entre sus muros de soterrado odio al próximo, decidió salir del desconcierto de su cuarto y dirigirse al interior de la intemperie; ¿dinero en la bolsa?, contaba con el que le permitía una vida sin compromisos (quizá otra forma de egoísmo que él no percibía). Dicen que entonces decidió asumir plenamente su condición de chilangodante nefelibata, y puso el primer pie adentro del frío de afuera, en su raíz cuadrada generando heladeces desde la casetita renacentista de Rudolff. Dicen que antes, recordó que por esos días la gente andaba con la moda de hablar de un vampiro que había sido visto en diferentes partes de la ciudad. ¡Bah!, dicen que dijo, embustes de los malos gobiernos para distraer a la gente. ¡Vampiros!, dicen que dijo con desprecio y adelantó el paso sobre la acera. Dicen que caminó en soledad, que atisbó por las ventanas de las casas a los que brindaban, a los enfermos de soberbia, a los con familia, a los bebedores por la paz y la concordia de… sus familias. Caminó por las calles, como cualquier pobrediablo desfamiliado. Dicen que le volvió a pasar por la mente lo del mentado vampiro. Dicen que una vez más pensó en las chingadas madres de las buenas familias, de los con familia para presumirla precisamente en este tipo de noches. Dicen que en esto estaba cuando de la sombra de la sombra calló sobre su cuello una misteriosa sombra, una sombra fría como su sombra, más fría aún. Tomado por sorpresa, sintió como su cuello dejaba de ser suyo para ser de la energía que le succionaba poderosa, una fuerza que pausadamente se tornaba tibia. Trató de luchar, pero era imposible porque su cuello y sus brazos estaban siendo atados y chupados por una elasticidad viscosa que le dejaba sin posibilidades de movimiento. Dicen que aquella potencia húmeda se fue apoderando de su cuerpo más y más. De pronto era el cuerpo todo el que cedía ante la fuerza absorbente, como un pulpo en la tierra que cada vez le inmovilizara con mayor definición los miembros superiores e inferiores. Era un acto entre lo real y lo irreal imponiendo su designio desde una textura blanda, blanda, pero sin embargo, con un poderoso poder contra el que no podía hacer absolutamente nada. Entonces, dicen que él dejó de ser él. Ya sólo era esa bocaza ávida, llena de vellosidades, húmeda, imantante irrevocable, en la que en unos cuantos minutos había desaparecido… o estaba a punto de... Dicen que hizo un último intento por zafarse de aquel abrazo asfixiante, dicen; pero la fuerza de sustracción fue más fuerte que la suya. Dicen que esa noche sintió como si se ahogara en el vértice mismo de la garganta del diablo. Dicen que un alguien que lo vio todo, atestigua que desapareció introducido en la vulva de la prostituta más antigua del rumbo; que así desapareció, lenta, lentamente, hasta ser tragado total. Dicen que del vampiro ya nadie habla. Una vez (no hace mucho) desapareció para siempre. Otros aseguran, refiriéndose esta vez al odiador de las Noches Buenas, que esa noche, la Noche ensanchó su vagina de tal manera, que terminó pariéndolo para adentro. Dicen que cuando despertó…

Dibujo: Luis Roberto García Ortega

Subir
Índice Sitio Roberto López Moreno
Cuento Corrientes encontradas
Síguenos en el Facebook Roberto López Moreno