CRÍTICAS A SU OBRA
ROBERTO LÓPEZ MORENO EN LA GRAN TRADICIÓN DE LA POESÍA LATINOAMERICANA
Adolfo Castañón
Debo decir que cuando Roberto me invitó a la presentación de su libro De la obra poética desde luego dije que sí, inmediatamente después sacó del portafolio el tomo, entonces me puse un poco nervioso porque pensé “¿cómo voy a leer su obra que conozco en fragmentos, leerla al hilo en un par de semanas?” Debo decir que esa impresión se disipó durante la lectura desde el momento en que empecé a darme cuenta de que en este libro hay una convivencia de conocimientos en torno a la historia, en torno a la reflexión literaria y en torno también a las diversas experiencias estéticas del autor.
Roberto López Moreno en este volumen, que está sin duda herido, marcado por la vanguardia, es notablemente un goloso, un gourmet de la experiencia artística si tomamos nota del repaso que hace a través de sus versos del ejercicio de la pintura, de la danza, de la música, del paisaje y, por supuesto, de la palabra misma.
Esta diversidad de intereses estéticos dota a la poética de Roberto de una gran riqueza, de una gran multiplicidad de registros. Hay muchos libros (quince) reunidos en este libro pero hay también muchos López Moreno, o muchos artistas concentrados aquí.
Además de poeta, yo diría hay un pintor, hay varios músicos, un músico popular, un músico culto, clásico, y hay también, de pronto, no un intérprete de música, sino un poeta que trasluce un vasto conocimiento musical en cuanto su estructura.
Esto que ya nos empezaría a llamar la atención sobre el libro debe también ponerse al lado de que de la obra poética es en realidad la otra ala, la otra puerta, la otra entrada de una obra en prosa donde precisamente las exigencias del lenguaje, del rigor literario, ya nos hacían conocer que había un poeta y que ese poeta que está en la prosa y que está en la poesía tiene una conciencia obsesiva de la necesidad de renovación, de innovación, de transformación, de relectura, de a veces recreación, fagocitación, canibalismo, homenaje, lectura con la pluma como lo muestra a lo largo de esta obra donde hay continuas referencias y guiños a los grandes clásicos literarios de la cultura latinoamericana, particularmente Neruda, Vallejo, Oliverio Girondo y, yo diría, también, la poesía indígena prehispánica.
Esta voluntad de renovación asociada a una tradición literaria de la lírica latinoamericana nos ayuda a situar a Roberto López Moreno un poco mejor, porque, desde un punto de vista de la reconstrucción académica y ortodoxa de la poesía mexicana, yo diría que Roberto es un autor que tiene parentescos, sin duda, con poetas como Carlos Pellicer y muy particularmente José Carlos Becerra, pero en rigor es un poeta que se encuentra un poco al margen, en la periferia de la tradición literaria de la poesía mexicana contemporánea que suele ser o tiene un punto de gravedad en lo que podríamos llamar la poesía crítica, la poesía intelectual, la poesía más especulativa.
Roberto, aunque tiene esta voluntad de renovación, de innovación, de transformación, de retraducción a la que ya he aludido, más bien está en un ámbito en el cual ésta no se aplica al orden de las ideas, de los argumentos, de la reflexión, de la meditación, sino más bien al orden de la experiencia de los sentidos, de la experiencia sexual, ya sea la que viene directamente al cuerpo a través de la contemplación, a través del amor.
De hecho muchos de los poemas o algunas de las piezas más notables del tomo De la obra poética, son trabajos precisamente eróticos en su doble sentido de amor cordial y poemas del amor sexual, y la otra parte a la que se abre Roberto no es la parte de los sentidos estéticos, en cuanto sentidos aplicados a esas otras formas del paisaje, de la naturaleza, sino las formas del arte, de allí que haya en De la obra poética, un caudal importante de textos relacionados como ya señalé, con la pintura, la danza, la música…
Curiosamente López Moreno –ésa es una pregunta que yo tendría como lector- tiene una cierta indiferencia, una cierta apatía hacia los géneros como el teatro o como el cine que no se ven muy bien representados aquí, quizá porque su concepción literaria lo lleva a internarse más en el teatro de la página o en el teatro de la historia que en las comedias cortesanas o académicas.
Todo este trabajo relacionado con los sentidos, con la vista, con el oído, con el tacto, hacen de López Moreno, en cierto modo, un poeta excéntrico en relación con las tradiciones más relevantes de la lírica mexicana contemporánea, pero en cambio lo sitúa en una forma muy espontánea, en este linaje que ya hemos mencionado de Vallejo, Neruda, Huidobro, Salomón de la Selva, el último Darío, el último Santos Chocano, etcétera.
Creo que uno de los grandes descubrimientos de esta obra poética, es que se puede ser enormemente genuino y auténtico como escritor mexicano sin por ello dejar de ser, en el sentido fuerte de la palabra, un escritor también necesariamente latinoamericano.
Texto publicado en la revista “Universitarios” # 73, julio de 1995. |