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CRÍTICAS A SU OBRA

LA VIDA LITERARIA

Revista de la Asociación de Escritores de México, A. C. No. 3
NOVIEMBRE-DICIEMBRE DE 1993.

LOS PASOS DE LÓPEZ MORENO

UN RECUENTO DE CUENTOS

VICENTE FRANCISCO TORRES

Hace 20 años Roberto López Moreno (Huixtla, Chiapas 1942) inició su trayectoria como escritor. Ahora la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) acaba de publicar una antología (1) con cuentos de sus cinco libros publicados y de dos más que permanecen inéditos, es oportuno ver cómo se ha desarrollado su trabajo como narrador ya que su labor poética permanece dispersa en varios volúmenes, algunos de ellos diferentes de conseguir.

En los cuentos de Las mariposas de la tía Nati (2) ya estaban tres de los rasgos característicos de su trabajo literario: la preocupación por los problemas sociales que viven las gentes más desprotegidas, la presencia abrumadora de los elementos de la naturaleza y la búsqueda de un lirismo que le diera valor estético a sus trabajos.

Las mariposas de la tía Nati -libro que era un homenaje del chiapaneco a su tierra, la cual abandonó cuando tenía tres años de edad para venir a radicar al D. F.- muestra la exploración y marginación que sufren los chamulas, los abusos de la tropa, la violenta historia del burdel pueblerino y algunos ecos de la guerra cristera. El problema religioso de los chamulas tiene esencial importancia en los cuentos de este libro pues a pesar de que los indígenas mantienen sus atavismos (como buscar la protección de un animal tutelar, el nahual que pasa a formar parte de sus mismos nombres), la miseria los lleva a cometer actos atroces, como la crucifixión de un niño para tener también ellos un Dios como el de los blancos de Ciudad Real, un Dios rubio que cuida y protege a los ladinos cuando éstos roban, fornican y matan. Las mariposas de la tía Nati –libro que era un homenaje del chiapaneco a su tierra, la cual abandonó cuando tenía tres años de edad para venir a radicar al D. F.- muestra la exploración y marginación que sufren los chamulas, los abusos de la tropa, la violenta historia del burdel pueblerino y algunos ecos de la guerra cristera. El problema religioso de los chamulas tiene esencial importancia en los cuentos de este libro pues a pesar de que los indígenas mantienen sus atavismos (como buscar la protección de un animal tutelar, el nahual que pasa a formar parte de sus mismos nombres), la miseria los lleva a cometer actos atroces, como la crucifixión de un niño para tener también ellos un Dios como el de los blancos de Ciudad Real, un Dios rubio que cuida y protege a los ladinos cuando éstos roban, fornican y matan.

Su orfandad es tan grande que, ante la muerte de los hijos, se acercan a un Dios del que nada saben, salvo su gran milagrosidad. El tono de las súplicas primero es humilde, afectuoso, pero cuando el hijo se les desmadeja en los brazos, increpan al Cristo que no se conmovió ante el dolor de los muchachos: “¡Señor Dios! ¡Cabrón!”.

Tal parece que no hay salvación para esos pobres campesinos pues, cuando una muchacha, luego de estudiar en la capital regresa para alejarlos del fanatismo religioso, para instruirlos y organizarlos en cooperativas de producción, la fusilan por revoltosa y comunista.

Los textos de Las mariposas de la tía Nati, aunque no tienen todos una escritura acabada, aunque se pierden en la digresión evocadora del realismo mágico, poseen una eficacia que radica en la creación de una atmósfera húmeda, asfixiante, llena de ríos, mariposas, bosques, comiteco, mitos, miseria y crímenes pasionales. El lirismo golpea en cada página de este volumen, que acude al costumbrismo y a la escritura fonética en el desesperado intento de expresar todo lo que de hermoso y estremecedor hay en Chiapas.

En Yo se lo dije al presidente (3), la atención de López Moreno se desplaza de la provincia a los estratos sociales más bajos del D. F. Así, el narrador chiapaneco se suma a escritores como Emiliano Pérez Cruz, Armando Ramírez y José Contreras Quezada, entre otros, que desean convertir al barrio, a los espacios más sórdidos y a los seres más patibularios que los habitan, en material literarios. Evodio Escalante ha denominado lumpen-literatura a este tipo de manifestación artística, pero debemos de aclarar que el término de ninguna manera es peyorativo, sino que engloba a aquella narrativa “que quiere encontrar el lenguaje de los bajos fondos, de las capas más desclasadas de la sociedad, ahí donde la degradación, el vicio, el servilismo, la putería, no sólo física sino también cultural, se convierte en pautas dominantes”.

Los temas y argumentos de los quince trabajos que integran el libro son estremecedores: “La voz enemiga” es el diálogo que un ventrílocuo sostiene con su horrible muñeco acerca de un crimen. “Una noche con María Cruz” narra los sufrimientos de una prostituta –que ya había aparecido como personaje en Las mariposas de la tía Nati-, su itinerario por las calles de Nonoalco, los pleitos con otras mujeres, el pánico ante la fornicación con ebrios, el deseo de huir de su realidad atroz: ¡Ya no quiero ser puta! ¡Quiero ser rana o lagarta o pez”. “La creación” se desarrolla en la abrupta geografía de los basureros y su tema es la paternidad demencial de un pepenador que engendra una hija con la madre tierra.

El rango social de los personajes y la deformidad física con que están señalados –mancos, locos, jorobados, prostitutas, pepenadores, ciegos, tragafuegos y fetos que naufragan en los basureros- hacen que integren una corte de los milagros que se halla desparramada por toda la ciudad de México, desde los tiraderos de basura de Santa Fe, hasta las calles de Allende y los llanos polvorosos que estos pobres seres han tomado por asalto, como paracaidistas.

Aunque la miseria y la crueldad son denominadores comunes de todos los textos, sólo en cinco de ellos López Moreno consigue la redondez cuentística que se le había negado en Las mariposas de la tía Nati: “La voz enemiga”, “Una noche con María Cruz”, “Tomasa Villa”, “Yo se lo dije al presidente” y “La creación”. “Tragafuego” y “Kid” son relatos medianos, a diferencia de los restantes que le quitan coherencia al libro por ser simples narraciones costumbristas, que no consiguen un ambiente ni plantean con eficacia una crítica de la sociedad opresora.

El lenguaje con el que López Moreno caracteriza a sus personajes en un acierto muy importante; incluso los símiles que emplea contribuyen a la creación de esa atmósfera de miseria y desamparo en que nos envuelve la lectura del libro: “Yo me había levantado con dificultad, todo se encontraba como entre brumas, todo era blanco, como no son las cosas aquí, hasta la joroba de la escuincla era blanda, como esos algodones con aguas grises que sacan de los hospitales y que vienen a tirar por estos llanos de casas temblorinas” (5) La vida puerca –como diría Roberto Arlt- que nos plantea Yo se lo dije al presidente, que no deja de tener sus momentos irónicos, como estas franciscanas palabras que pronuncia una: “loca de ella sólo sé que se llamaba Tomasa Villa y de mí que nací en medio de un basurero y crecí con las hermanas ratas y los hermanos murciélagos”.

En 1983 volvió de la sordidez citadina a la exuberancia chiapaneca. El arca de Caralampio evoca a un personaje –Caralampio Gómez Caballo- que habíamos conocido en Las mariposas de la tía Nati. Se trataba de un chiapaneco que moría fusilado por revoltoso y comunista. De esta manera, el libro nos presenta la fauna y flora que hacen el edénico ambiente de Chiapas, que alberga en su seno graves problemas sociales que en su momento también trataron Rosario Castellanos y B. Traven.

Podríamos decir que El arca de Caralampio es un bestiario, puesto que los personajes del libro son animales (peces, reptiles, serpientes, culebras, arácnidos, aves, insectos y mamíferos. Sin embargo, estos seres se nos presentan no sólo envueltos en sus mitos o en su humanización, sino que aparecen ante nuestros ojos como un trabajo de investigación zoológica elaborado por un poeta.

López Moreno ostenta en este libro un lirismo comparable al de Jesús Gardea y Ricardo Elizondo Elizondo, pero en su sentido inverso, pues mientras los cuentistas norteños se ocupan de una geografía árida, descorazonadamente enjuta, el chiapaneco toca el mundo impúdicamente fértil.

La fauna y la geografía son descritas con una combinación de leyenda, tradición, mito y poesía, cuando no en una forma abiertamente enigmática: “Las víboras de cascabel también tienen aplicación dentro del mundo de la música y no solamente con su involuntaria contribución percusiva.(7)

“Se dice que algunos trovadores colocan el cascabel en las entrañas de la guitarra para que ésta suene mejor. Entonces, la música se emponzoña y el canto de los trovadores puede matar de amor o de nostalgia plena”.

Hay en el libro textos que son verdaderamente cuentos (“El caballo del diablo y su jinete”, “Los toros de Palomeque”, “Josefa …los cocuyos”) y una variedad de referencias a hechos singulares acaecidos en Chiapas. Están, por ejemplo, las aventuras de investigadores que perdieron la vida mientras hacían sus búsquedas botánicas y zoológicas, o cuando quisieron desentrañar los secretos del Cañón del Sumidero. También encontramos la documentada narración del modo en que, inspirados en los cantos de las aves, Camille Saint-Saens compuso la suite “El carnaval de los animales”.

Los cuentos que integran La curva de la espiral (9) son diferentes a los que con anterioridad había publicado López Moreno. Encontramos el mismo trabajo lírico del lenguaje, pero hay una huída del realismo que se da mediante diferentes recursos: con los de la ficción científica (“El secreto”), con los de la narración de tipo histórico (“Muerte de Goudimel”) y (“La curva de la espiral”), con los del relato fantástico (“En busca del autor perdido”) y hasta se recurre a la pura imaginería: “Cuando salí de la Habana, válgame Dios”.

Los relatos más extensos y significativos (“El secreto” y el que da título al volumen) quieren destacar las extrañas coincidencias que tienen algunas cosas y los prodigios que ellas obran. Tal es el caso de las coincidencias geométricas y las construcciones prehispánicas y toda la sangre sucia que se derramó por un brazalete construido con afanes libertarios.

Además, en este libro López Moreno quiso saldar algunas deudas afectivas que tenía: con la Morada de Paz –ese viejo departamento de la calle de Donceles donde siempre podía encontrar uno la copa anhelada, la guitarra o la simple compañía de los amigos en las horas más frías de la soledad- y con Juan Bautista Villaseca, ese poeta un tanto mítico (que en la prosa encontraría su equivalente en Arlés, el autor de Ojalá te mueras) que tantos versos desgarradores escribió y que no han podido recogerse en una edición decorosa.

En 1975, para la colección “Testimonios del Fondo”, Roberto López Moreno preparó un homenaje a Silvestre Revueltas En Los ensueños de don Silvestre (10), toma el espíritu popular y mexicano de las composiciones de Revueltas para estructurar su libro.

El volumen forma parte de una colección de libros para niños y esto ya plantea un problema: el de definir qué es un libro infantil. Como no es el espacio para teorizar sobre el tema, sólo quiero señalar dos cosas. Primero, los personajes de estos cuentos son niños, y segundo, como Revueltas era un hombre tierno que amaba a los pequeños, se hubiera sentido muy complacido de que sus ritmos y los títulos de sus composiciones sirvieran para inspirar un conjunto de historias que buscan abonar la fa fantasía, rescatar del olvido algunas de nuestras tradiciones y hasta crear una incipiente conciencia social mediante ese recurso que otro Revueltas, José, nos enseñó: la chingamucita, es decir, el señalamiento breve y furtivo.

Los ensueños de don Silvestre es un libro coherente con la música de Revueltas y con la literatura de López Moreno, pues si las piezas del primero echan mano de mariachis, violines, huastecos y chirimías, los cuentos del segundo también recuperan motivos populares y evocan personajes como Pepe Camarillo y José Guadalupe Posada.

La prosa poética de cada texto (que López Moreno llama prosema), se atiene a los movimientos ideados por Revueltas.

La parte intitulada Allegro consta de cinco cuentos (“El renacuajo paseador”, “Dúo para pato y canario”, “El tecolote”, “Janitzio” y “Alcancías”) ágiles y festivos que están llenos de cosas mexicanas (como personajes indígenas, leyendas, adornos de papeles chillantes, marranitos de barro) y elementos profundamente americanos como el proceso de explicación de la naturaleza de las cosas mediante leyendas, tal como puede verse en el Popol Vuh.

Allegro ma non tropo consta de un solo cuento, “Bajo el signo de la muerte”, que si bien resulta un tanto triste y sombrío rescata la creencia indígena de que la muerte es, más que una pena, un consuelo, un regreso a Mictlán, ese sitio lleno de flores donde los seres queridos siguen viviendo. Otra vez nos topamos con elementos típicos, con el pan muerto, las calacas, las alegrías, los tamales y los juguetes de madera y hojalata.

La tercera parte del libro, Andantino, tiene dos cuentos (“Sensemayá” y “Música para charlar”) que relatan largos y fantasiosos viajes.

Finale consta de un solo cuento (“Colorines”) y en él se mezclan personajes y episodios de todos los relatos anteriores.

Los ensueños de don Silvestre es feliz complemento de Versitlán (poemas para niños) y otro producto de esa veta que tan bien ha sabido explotar el autor: los animales. Si en El arca de Caralampio sólo se habla de la fauna chiapaneca, ahora encontramos animales menos regionales, como renacuajos, burros, hormigas, conejos, patos, canarios, peces, tecolotes, cotorras y cerditos.

En los cinco cuentos no recopilados antes en volumen, López Moreno vuelve al señalamiento social –en “Adiós hermana hembra”, hay un lumpen que va a la cárcel junto con una prostituta y algunos estudiantes detenidos después de la matanza del 10 de junio de 1971- pero empieza a advertirse un avance hacia la prosa ensimismada, muy semejante a la que José Revueltas usaba en sus últimos cuentos y particularmente en “Cama número 11”, de Material de suelos.

1.- Roberto López Moreno, Cuentos en recuento, UNAM, Rayuela, 1992.
2.-Roberto López Moreno, Las mariposas de la tía Nati, México, Ediciones de Cultura Popular, 1972.
3.- Roberto López Moreno, Yo se lo dije al presidente, México, Fondo de Cultura Económica, (col. Letras Mexicanas), 1982.
4.- Evodio Escalante, “Razón y miseria de la lumpen literatura”, Tercero en discordia, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa (Col. Correspondencia), 1982, p. 93.
5.- Roberto López Moreno, Yo se lo dije … p.41.
6.- IBIDEM, p. 38.
7.-.Roberto López Moreno, El arca de Caralampio, México, Editorial Katúm. 1983, p. 69
8.-Idem.
9.- Roberto López Moreno, La curva de la espiral, México, Claves Latinoamericanas, 1986
10.- Roberto López moreno, Los ensueños de don Silvestre, México, Editorial Anaquemecan, 1986.

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