CASA DEL POETA JAIME SABINES
20 DE OCTUBRE DE 2011.
Arturo González Cosío.
Hoy celebramos la presencia en la literatura mexicana de un escritor: ROBERTO LOPEZ MORENO, que abarca con sensibilidad, conocimiento y destreza la más variada gama de formas y expresiones en prosa y en verso. Una versatilidad excepcional ha llevado a Roberto López Moreno, a indagar con audacia la más avanzada vanguardia y al mismo tiempo emprender la defensa valiente de postulados y principios que atañen a la sociedad, desde el terruño, su amada Chiapas, hasta los horizontes continentales de la América Bolivariana.
Con vitalidad envidiable recorre los terrenos de la canción popular y los más complejos territorios de la poesía contemporánea. Sus poemurales abarcan desde la invención de palabras, hasta el uso de la mitología, o la utilización de las matemáticas y la geometría, sin pérdida alguna del ánimo poético, con la ilimitada intrepidez propia de los que convierten a la poesía en un mensaje enciclopédico, producto de nuevos paradigmas culturales, en los que la poesía ya no es algo estrictamente verbal, sino que participa de la fragmentación, de las potencialidades y del pragmatismo de la ciencia y la técnica.
Roberto y sus poemurales se afilian a la poesía visual/experimental que abarca signos, sonidos, letras, fonemas, iconos, que conducen a algo tan de nuestros días como la sinestesia, que permitiría ver los sonidos y leer las imágenes, lo que podría conducir a la definición que da César Cortés de lo que para él es poesía: “Encuentro fortuito de un signo con una intención, en el azar de la mirada”.
No obstante lo anterior, pienso con T.S. Elliot, que el poeta es el responsable de que el lenguaje tenga la máxima precisión y que pueda expresar con claridad todas las experiencias del hombre, porque más que legisladores no reconocidos, como lo pensara Shelley, los poetas son vigilantes del lenguaje, que es sin duda, la esencia del hombre, lo que le dio la verticalidad de la comunicación y la posibilidad del futuro.
Para entender una personalidad con tantas facetas como la de Roberto, habría que tomar en cuenta también su vocación para la bohemia que lo llevó al “Retirito” y al “Chemulpo” en los que predominaba la trova yucateca; o a la famosa “Morada de Paz”, refugio de oficiantes en el que Roberto López Moreno se había constituido en pilar fundamental, con otros que compartían la hospitalidad del “Exodonte”, el dentista Daniel Martínez Montes, que departía con Renato Leduc, Roberto Blanco Moheno, el Tigre Maldonado, Ramón G. Bonfil, Aurora Reyes, Adela Palacios y Magdalena Mondragón que bebían, cantaban y recitaban para asombro y deleite de los asistentes.
La sede se vio afectada gravemente por el sismo de 1985, que cerró ese reducto de alegre fantasía, en donde imperaba la simpatía, la broma y el alcohol. Lo anterior le consta a dos testigos, aquí presentes, que compartieron estas vivencias con Roberto, como son nuestros amigos Gonzalo Martré y Ramón Llarena y del Rosario.
En la prosa se desenvuelve Roberto con estilo y naturalidad, tanto en el artículo periodístico como en el ensayo o en el cuento. Su temática es rica en afanes estéticos y en reciedumbre ideológica. Lo mismo puede decirse de su poesía que recorre una escala tan variable que va de la canción popular o el albur, hasta el inusitado arrojo de textos extremadamente experimentales. De inmediato recuerdo aquel poema dedicado a Marco Antonio Montes de Oca, nuestro inolvidable amigo, en el que habla de “Resarcir el alba, manotazo de luz entre los pájaros”, o en su poema “Morada del Colibrí”, en el que conmueve con esta metáfora: (cito) “el mar jamás tendrá la hondura de una lágrima”.
En el campo ideológico habría que hacer referencia a un fragmento del soneto dedicado al Ché Guevara, a quien denominaba: “Capitán del incendio, voz de obrero…”. O en su diatriba contra los dictadores, como en el poema “Relación de Hechos”, en el que dice: “… el tirano clamaba enloquecido en su jaula de víbora y pantera”.
En relación a las corrientes literarias, a veces se acerca al estridentismo como en: (cito) “yugular propensa al fuego”, o “alfiles de viento y tierra”, o en “cruza como daga el cuerpo de la noche, erizada de focos”, o en “Muchos años después, me puse a meditar en lo que no me detenía cuando empezaba a vivir sobre las ruedas de mi bicicleta…” Otras veces al poeticismo, como en el soneto “Gañeñe” dedicado a Enrique González Rojo, o en “Vizántico” que es una especie de diálogo con Enrique, o en el poema “Sonejo” que dice: “no dejes que la soledad te muerda los tanates”.
La rica sensibilidad de Roberto lo ha llevado también a la música y en su poesía y en su prosa hay multitud de referencias a famosos compositores, como Vivaldi, Mozart, Boulez y Verdi, entre otros.
Para terminar esta pequeña glosa de una obra tan rica y tan variada, quiero hacer referencia a dos características más de nuestro querido amigo: su afán por viajar alrededor del mundo, con las banderas desplegadas de la literatura y de la lucha social y su sencillez, enriquecida por una carga ideológica siempre a favor de los oprimidos y de los marginados.
Además, en relación a su trato con los que le rodean, se debe exaltar y reconocer su alta calidad humana de amigo ejemplar, ajeno a la envidia y a la indiferencia, respetuoso del valor y de la dimensión de los demás.
Es un ciudadano del mundo, un chiapaneco ilustre, un escritor de alto rango y un gran mexicano.
El secreto que habita en el laberinto de la rosa
Roberto López Moreno, un mago de la poesía
Por Adriana Tafoya
(Él dijo) Desde el primer día que la vi, supe que era la única, cuando me miró fijamente a los ojos y me sonrió, porque sus labios eran del color de las rosas, ellas crecían en el río, todas sangrientas y salvajes. (Y ella responde) En el tercer día, me llevó al río, me mostró las rosas y nos besamos, y lo último que oí fueron unas palabras susurradas, mientras se me acercó con una piedra en su puño. (Y él respondió) En el último día, la llevé donde crecen las rosas salvajes, y ella se sentó en el banco, con el suave viento como un ladrón, y le di el beso del adiós, le dije: “Toda la belleza debe morir”. Donde las salvajes rosas crecen, Nick Cave.
Roberto López Moreno nació en Huixtla, Chiapas, lugar donde abundan las espinas, en 1942, y es en el inicio de una era macabra, 1968, año de la matanza en la plaza de las tres culturas, cuando aparece su primer libro: Trilogía entre la sal y el fuego. Posteriormente nos ha entregado, a todos sus lectores, más de cincuenta títulos de una enigmática obra literaria; por mencionar algunos: De la muerte violencia su estrofa erizada maúlla a las nubes un trágico final, sobre las azoteas el gato escribe, 1980, Motivos para la danza, 1986, Manco y loco, ¡arde!, 1991, Verbario de varia hoguera, 1993, Négridas, 1998, Ábrara, 2004, E=mc2 y El libro sexto. La construcción de la rosa, 2009 y Versalía, 2010.
Si leemos a Roberto López Moreno con la suficiente atención, nos percataremos de que estamos ante un mago, un alquimista. Y no sólo es una forma metafórica de decirlo, sino que el poeta López Moreno es un genuino maestro de la magia. Un conocedor a fondo de la rosa en la palabra, y también un orquestador del canto.
Lo mejor que puede sucederle a un mago, es que su magia surta efecto en sus lectores, y en otros poetas. Y así ha sido el caso de López Moreno, pues en éste, nuestro tiempo, está más vigente que nunca, porque su obra mantiene esa frescura que ha influido, sea ya de manera directa o indirecta, en poetas ya reconocidos como Ricardo Castillo, Ángel Carlos Sánchez y Jeremías Marquines, así como en poetas más jóvenes, por mencionar a otros, Rocío Cerón, Eduardo Ribé, Esaú Corona, Balam Rodrigo y Yaxkin Melchy. Sea por la mnemotecnia versal, por el carácter combativo del poema, o por la compleja experimentación del verso, sea por la inclusión de partituras como parte del cuerpo de un poema, por la onomatopeya o el calambur como una constante musical, por la peculiar estética “chiapaneca” de su poesía, o por sumar al texto lenguajes matemáticos, la poesía lopezmoreniana es, no sólo de una vigencia sorprendente, sino que en muchos sentidos es una obra que está trazada para sobrevivir en la boca de los futuros poetas, en el canto de los juglares de otras generaciones, y no únicamente en las bibliotecas.
Él es un poeta que nunca le ha dado, ni le dará la espalda a lo popular, y también un arquitecto que alimenta su pluma en el tintero del canto para fundirse con la sonoridad de los pájaros, sea de día o de noche, y con el dominio de los cuatro elementos simbólicos de la materia. Es, por qué no decirlo, un científico de la lengua que, ocupa su tecnología en un verso que apunta en favor de todos.
Todo aquellos poetas con el entusiasmo de lo experimental, con el verdadero interés de mezclar la oralidad en una probeta, o de componer la nomenclatura de una sinfonía con palabras, tienen la obligación de leer a Roberto López Moreno, que sin afán de convencer, ni persuadir, ha construido una obra misteriosa, de un alcance que registra diversos tonos (escalas y armonías), decibeles que nivelan en múltiples ensayos escriturales, todas las formas: Poemurales, como él ha denominado a estas creaciones que buscan guardar los límites del universo en las paredes de la página en blanco.
Jardinero de múltiples rosas es Roberto, pues su obra más que una rosa es una amapola infinita. Rosa de viento, de fósforo, “rosa de mercurio, alquimia portentosa del eje de la magia” (p. 50), rosa de mar, rosa de Huidobro, de Góngora, rosa cerebral, e incluso, invoca aquella rosa que “Asbaje sembró en América”, como aquel capullo que embaraza a una virgen con su aroma, en la tradición más antigua. Constructor de la estrella de pétalos humeantes, báculo de espinas, cito:
Rosa filosofal
desde la piedra que guarda los misterios,
moho de los siglos, dédalo en el que se fue forjando la conciencia;
neuma en las cantilaciones de la garganta precursora,
baja punzo de luz,
¿cómo se llaman sus cuatro aromas cardinales?:
Gálica, Damasco, Centifolia, Alba,
zumo de attar, soma de las concentraciones… p. 40
López Moreno es un ávido interlocutor de Rilke, Borges, Barba Jacob, Lezama Lima y Enrique González Rojo, y crea su rosa gracias a la ceremonia, al ritual de la escritura, que se repite una y otra vez, en los ciclos, en las medidas de los ciclos de nuestros años, a través de los estribillos, los coros, y sabe como gran poeta, que el lenguaje es un ruido, un siseo que florece en el oído, e impulsa al “oyente” a decir, y actuar de acuerdo a lo que “zumba”. Un mago simbolista, que conforma pautados para el Minotauro del poema. Un constructor de tradición. Cito, de su libro La construcción de la rosa (p. 33):
El que puede inventar que puede inventar la vida
entre derivaciones de formol y amonio.
El que puede elevar la frente en la tormenta.
El que puede entre el pulgar y el índice.
El que puede.
Este es, a partir de ahora, el nuevo rayo en donde sueña
el que puede cambiar la irradiación del número,
el que puede en la palanca y en la rueda,
el que puede en el milagro del lenguaje, en la roca grabada,
el que puede.
Ahora conceptos y designaciones serán libre albedrío del que puede.
Roberto López Moreno también significa, lo que varios filósofos y lingüistas, poetas incluso, vaticinan desde hace un tiempo: el regreso de la oralidad. Representante, antecesor es de poetas que necesitan de la poesía en voz alta, y que actualmente se acomodan en estructuras musicales que arribaron con el slam de Estados Unidos, pero que tienen en Roberto una futura guía para contextualizar sus deseos de tener magia en la poesía (refiriéndonos a sus textos). Esta creciente “efervescencia” de la oralidad en el nuevo milenio, a través de la lectura y declamación de poesía en calles, bares, cantinas, etc., de cinco años para acá, no es gratuita, y en mucho, sus exponentes parecieran hijos de la poesía lopezmoreniana.
López Moreno es un poeta que sabe mantener el dedo en el renglón, cito, “hay un dedo que mata. Ese es el dedo que bajó hasta las casa en la hora maldita” (p.119) para que una vez culminada la destrucción del ciclo, haya algo más, una Rosa diferente a esta que ahora gobierna; así, nos atrae al laberinto de un huracán, e intenta religarnos al mundo para que nadie quede fuera de la espiral.
Más que lo culto, Roberto es lo experimental desde una raíz fónica, que se vuelve fórmula o algoritmo, vector para trazar un aleteo en medio de la hoja, o en la frente, como un ojo que canta y con cada parpadeo nos habla; para el poeta Roberto López Moreno el canto es la mirada misma, y no la imagen, no la metáfora incluso, sino la realidad que se transforma en sonido, en danza gutural, o en carrasposa melodía; en partitura de una partida de ajedrez, o en el tarareo de un hombre que camina por el malecón para tentar al mar a que lo arranque de la tierra de un manotazo. Al parecer, a Roberto López Moreno le es dado caminar no sólo sobre una cuerda, para sortear el abismo, sino sobre cinco, y en diferentes notas: es música, su poesía es ruido, y el sonido de los engranes, más que los engranes mismos, es el polvo invisible que dejan las palabras cuando no alcanzan a entenderse: la música de un sol que con cada uno de sus dedos toca una guitarra distinta. De algún modo, Roberto nos invita a que seamos nosotros los que metaforicemos su mundo; porque él es un susurro que empuja al suicida (al kamikaze) a que cumpla cabal su destino, o al imperioso a que conforme su imperio. Es el discurso más peligroso de los “tiempos”, el del escriba que construye, o recompone el orden sonoro de lo que serán las “palabras” en otro tiempo; él dice Ábrara, y continúa de ahí palabra adelante hasta volverse otra vez Ábrara; volverse esta vez árbol, coronado de innumerables rosas, y cito:
Soy este cuerpo cargado de existencias,
alucinante tejido de vidas y de muertes,
de vidas y de vidas,
de muertes y de esta cabellera siempre verde, poblada de alas,
Soy mi sangre, cargada de hormigas,
suben desde mis plantas hasta las altas ramas,
hasta la altura
donde gorjea el verbo triunfal de su poema. (p. 35)
ROBERTO LÓPEZ MORENO: DOS CULTURAS,
VANGUARDIAS Y DIVERSIDAD POÉTICA
Por: Marisa Trejo Sirvent
Heredero de una tradición poética como la que representa la literatura chiapaneca, con importantes poetas reconocidos en Hispanoamérica entre los que destacan Rosario Castellanos y Jaime Sabines, así como, por una parte, de dos culturas con raíces, en la mejor poesía mexicana del siglo XX y la poesía negrista en América, y, por la otra, de las ricas vanguardias literarias que se consolidaron en América Latina, Roberto López Moreno ha llegado a esta segunda década del Siglo XXI como uno de los poetas vivos de mayor importancia en Chiapas. En México D. F. se realiza un Homenaje Nacional dedicado al poeta chiapaneco, por la importancia de su obra poética y con motivo de sus setenta años, a iniciativa de varios escritores de la capital.
En la Antología de Poetas Chiapanecos del siglo XX titulada Árbol de Muchos Pájaros Roberto López Moreno, se mencionan algunos de los libros de este prolífico poeta que nació en Huixtla, Chiapas, en 1942, y que ha ejercido el periodismo y la narrativa: “Las mariposas de la tía Nati, Yo se lo dije al presidente y La Curva del espiral (cuentos), Entre sus poemarios destacan: “En el sur de la nostalgia, Trece tiempos de eros, Verbario de varia hoguera y De la obra poética donde se compendia toda su poesía. Ha escrito también Silvestre Revueltas (Homenaje antológico) y la antología de cuentistas cubanos Cuando salí de La Habana, válgame Dios así como poesía para niños, obras de teatro, guiones para cine y televisión y ensayos. Su generación es posterior a la de La Espiga Amotinada) (1).
Roberto López Moreno ha experimentado todo en poesía, tanto en prosa como en verso. En su obra “podemos encontrar desde las formas clásicas como el soneto hasta las más innovadoras formas poéticas como las ecuaciones matemáticas, así como infinidad de temáticas y ecos de muy diversas corrientes como la poesía negro-antillana, entre otras” (2). Roberto López Moreno, Premio Chiapas (en Artes, en 2001) ha participado en múltiples festivales y encuentros poéticos internacionales. En Chiapas, hemos tenido oportunidad de verlo muchas veces, aunque no tantas veces en los últimos años como quisiéramos. Recientemente participó al lado de Juan Bañuelos y otros poetas chiapanecos en el 1er. Encuentro por la Paz y la Mundialización de la Poesía, llevado a cabo en Tuxtla Gutiérrez.
En su poema“Quiero decirte, Jaime” dice:
La noche sabe a Ron
(bestia de luz, ángel de las amarguísimas dulzuras)
a versos ácidos,
a uvas convertidas en torrente,
arde el leño para deletrearnos las entrañas.
Allá en casa los mangos son de este tamaño...
Allá en casa...
El sol es la camisa del día,
las mujeres bajan a lavar al río
con sus torsos desnudos,
retratan sus canciones en el agua
mientras detienen a jícaras el fluir de la corriente.
El sol es la camisa del día
pero vos no me engañás, Jaime, vos sos Tarumba
Para Mario del Valle “Roberto López Moreno es poeta de la diversidad humana, de sus asuntos relevantes. Y a todos toca, une o separa, dosifica o sintetiza con un lenguaje que implica la métrica tradicional del verso castellano hasta la fórmula matemática, la cita, el aforismo, la carta, el poema en prosa, la música con su extraordinaria sinfonía visual, haciendo de la realidad abundancia de los sentidos, trasunto de riqueza espiritual” (3).
Jorge Solís Arenazas aclara sobre su obra: “Crucialmente eufónica, sensual y lúdica, abiertamente inquieta, la poesía del chiapaneco Roberto López Moreno es una fiesta. En primer lugar, en pocos lugares como en su obra se advierte que el poema es una celebración de ser; segundo, es una escritura centrada en la sensualidad del ritmo, la palabra en tanto que música y no sólo la cadencia y musicalidad constitutivas del poema; también porque es una obra abierta, convocante, vital y vitalista, apasionada pero con la mesura suficiente para no caer en el juego vacuo, en el ansia gratuita del iconoclastia. En suma, poesía que aspira a la comunión más elemental: cada verbo un canto, cada lectura una consagración, cada cuerpo un ofertorio en la danza. En algún lugar se ha dicho que las tres vertientes que recorren su obra son el amor, el paisaje (principalmente la mirada sobre Chiapas, pero también con aproximaciones fundamentales a la ciudad), y, dicho con vaguedad, las “preocupaciones sociales”. Pero se olvida a menudo que su interés fundamental habita en el lenguaje, desde una postura crítica, y es por ello que hay una importancia decisiva en sus otras vertientes. He ahí el otro sentido de fiesta ceremonial. No se olvide que el canto no es sólo esparcimiento, sino conjuro y religación, búsqueda, internamiento apertura”.
Su variada obra poética y su conocimiento profundo de las diversas versificaciones y ritmos lo han llevado a expresarse en una extensa escala de poesía lírica. Pero su obra no se detiene en la forma. Hablar de su poesía es adentrarnos en infinitos temas que no sólo poseen una rica musicalidad y precisas formas, sino también una lucidez de pensamiento que deja ver su preocupación por el ser humano, su historia, la riqueza de nuestras culturas y realidades a través de tópicos que han llevado a su poesía a ser ampliamente reconocida internacionalmente. Es conocido también por su poesía negrista y por haber creado la teoría poética denominada “Poemuralismo”.
Otros poemarios suyos son: Construcción de la rosa, Ábrara, Décimas Lezámica y Sinfonía de Salmos. Sus poemas nos conducen siempre hacia donde él quiere y nos cautivan de inmediato. Observemos por ejemplo, el siguiente poema titulado“Segunda parte: imágenes aztecas” de su libro Sinfonía de salmos (1996, México: UNAM) el manejo de un tema que nos remonta a las tradiciones prehispánicas:
Yo fui el elegido para saciar la sed del dios
que lermará en los borbotones de mi pecho.
Cumplidos los 365 latidos de este tiempo
el cielo habrá de ser un inmenso comal
enrojecido;
que mi sangre cobije la permanencia de la estirpe,
que se alce vertical el día en que las flores nacen,
flor roja será, de tallo invencible
porque arderá con la fuerza de las generaciones.
Que ese día estalle la corola de la danza
que lo construye todo desde su polen, polvo
de pedernal cumplido.
Que en el centro de la flor combatan
los guerreros tigres y ocelotes, los guerreros águila,
para dotar de su energía al cosmos.
Ya se cumplieron los 365 aullidos de la noche,
ya los 365 alaridos del día.
Subo por las escalinatas del brazo de los sacerdotes,
me venzo,
el colibrí de piedra revienta los tejidos de mi pecho,
un estruendo de teponaztles salpica el aire,
de mi pecho surge la flor roja, palpitante,
es como una llamarada que se eleva,
crece, reconoce su origen, lo asume,
toma su puesto.
El sol nos quema.
El Homenaje Nacional a Roberto López Moreno es apoyado por diversas instituciones, organismos e instancia que reconocen a este poeta su trascendencia nacional y mundial, entre ellas se encuentran: la Universidad Autónoma Metropolitana (Azcapotzalco), la Delegación Álvaro Obregón, la Casa de la Cultura Jaime Sabines que se encuentra en San Ángel y la representación del estado de Chiapas en México D.F. Chiapas debe a varios de sus poetas más destacados un homenaje como el que merece, por ejemplo, Roberto López Moreno cuya obra ha sido traducida a varias lenguas. El Movimiento Poetas del Mundo (en Chiapas) y el Proyecto Cultural Sur Internacional (SurChiapas) se unen a la iniciativa hecha por Enrique González Rojo, Arturo González, Arturo Alvar y Adriana Tafoya, que ha sido apoyada por en este Homenaje Nacional al Poeta Roberto López Moreno, en reconocimiento a la obra de uno de nuestros más importantes poetas que está a punto de cumplir sus setenta años y que nos ha legado una prolífica obra poética reconocida en el ámbito internacional.
NOTAS
(1) Trejo Sirvent, Marisa, Sumano Magadán, Héctor y Socorro Trejo Sirvent.(2000). Árbol de Muchos Pájaros. Toluca: Universidad Autónoma del Estado de México.
(2) Ibíd.
(3) Ibíd.
(4) Solís Arenazas, Jorge. (Online). “Roberto López Moreno y la fiesta”. Críticas a su obra. Consultado el 17/10/2011.
López Moreno, Roberto. (Online). “Segunda parte: imágenes aztecas” en Imágenes del Quinto Sol. Consultado el 17/10/2011
Bitácora de la Palabra
Nicanor Parra y Roberto López Moreno, los grandes poetas de la Vanguardia literaria del Siglo XXI
Mario Nandayapa
Soy un pésimo turista, pero en cambio soy un formidable viajero. Lo anterior se reduce a que nunca viajo con el único propósito de contemplación, ya que mi mirada está determina por mi gramática de vida, es decir a cada lugar que viajo me dedico a trabajar exhaustivamente en busca de información existente sobre la cultura de Chiapas, por ello puedo afirmar que soy un estupendo viajero.
Si bien Eraclio Zepeda recorrió la ruta de Carlos Magno (experiencia que relataré en un entrevista en extenso que le hice a Laco, libro de próxima edición), o bien Heberto Morales que hizo lo mismo pero en la trayectoria del Quijote de la Mancha, antes de escribir su novela “Jovel. Serenata para la gente menuda”. Yo transité la ruta de migración de los Chiapanecas, recorriendo Chile, Paraguay, Costa Rica y Nicaragua; en virtud que se han establecido un diversidad de hipótesis de los chiapanecas, por ello era necesario no sólo consular las fuentes documentales, sino confrontar la dinámica viva de esta región cultural que aún no se ha estudiado, mi memoria y mi maleta, regresaron rebosantes de reproducciones de documentos, fotografías, entrevistas y la patente sonrisa de un viajero satisfecho.
En mi instancia en Chile, agenda de mi trabajo de tesis doctoral, hice los trazos de un libro que estoy plenamente seguro que será de impacto internacional, y se trata de la “Presencia de Pablo Neruda en México 1940-1943”, para su culminación el Dr. Salvador Jara Guerrero, Rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, me recibirá en Michoacán para que realice una instancia posdoctoral con prestigiosos investigadores de esa Universidad, además de que me harán el honor que yo imparta la Cátedra 2012.
Entre los diversos testimonios que nos legó Pablo Neruda en México, también Chiapas está presente:
“Yo tu selva sonora / conozco, en los rincones / de Chiapas olorosa / puse mis pies australes, lo recuerdo: / caía brusco / el gran crepúsculo de ceniza azul / y en lo alto no había / cielo ni claridad: / todo era hojas: / el corazón del mundo era un follaje. / Porque entre / tierra oscura y noche verde / no me sentí agobiado, / a pesar / del infortunio / y de la hora incierta, / no me sentí tal vez por vez primera / padre del llanto / o huésped / de la eterna agonía (…)”
En Santiago de Chile, tuve la oportunidad de tratar a diversos poetas como son Manuel Jofré y Gonzalo Rojas, ambos escribieron las cuartas de forros de dos libros míos. Ahí también conocí y establecí amistad con Nicanor Parra, para mucho el último poeta de la vanguardia latinoamericana, para mí el gran poeta de la vanguardia es Roberto López Moreno, su obra en conjunto está signada por la búsqueda técnicas y formales, esto se traduce en su propuesta actual “El poemural”, invito a los lectores, estudiosos de la literatura y a las instituciones culturales, a mirar con atención su discurso poético.
La noticia actual es que el poeta chileno Nicanor Parra, recibirá el Premio Cervantes 2011, por “una trayectoria muy amplia, toda una vida dedicada a la poesía”, citando a la presidenta del jurado, Margarita Salas, este premio se le otorgará el 23 de abril -fecha de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616)- de manos del rey Juan Carlos I en una ceremonia en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, ciudad natal del autor de El Quijote.
SUJETO SOCIAL Y TRANSFIGURACIÓN LÍRICA EN LA OBRA DE ROBERTO LÓPEZ MORENO
por José Manuel Recillas
Roberto López Moreno es uno de nuestros poetas mayores y uno de esos espíritus que no se asocia con grupos literarios ni con un solo registro lírico. Hombre polifacético: poeta, narrador, periodista, melómano, investigador periodístico y literario, militante de la izquierda pensante, disidente de muchas formas, nos ha ido legando una obra que hoy se puede considerar ya monumental, y a la cual se le ha prestado escasa atención, especialmente por parte de la academia, pero no menos que de parte del propio gremio literario. Sólo le ha faltado practicar la traducción.
Oriundo de Chiapas, López Moreno no es la clase de poeta del sureste que se haya dedicado a inventariar el paisaje de su tierra, como durante años han hecho incontables poetas y poetastros. Desde muy temprano en su carrera el periodismo le dio las herramientas necesarias para escudriñar la realidad, para enfrentar y cuestionar el orden injusto de una sociedad que se caracterizó por la sempiterna injusticia, el desprecio por las leyes, por la dignidad humana, por el fácil acomodo hacia el poderoso.
Si algún inventario ha dejado la extensa obra del poeta no ha sido la de un paisaje exterior, sino antes bien, uno de carácter social. Logógrafa y logófaga, su obra es el territorio aún inexplorado por la comunidad literaria y académica, que si la ha leído, ha guardado un no muy pudoroso silencio, ignorándola olímpicamente.
Para López Moreno, la Historia es la gran maestra, y en ella cuenta no sólo aquello que escriben los vencedores, sino más aún aquellos sin voz, los ignorados, los despreciados. Su relación con el periodismo y las causas sociales de avanzada, y sus representantes: pintores, poetas, músicos, periodistas, activistas, le ha permitido ver esa red que solidariza las causas populares, que hace que el hombre no se oculte detrás de un lenguaje abstracto hecho de tinieblas para ocultar su alma.
A lo largo de su amplia trayectoria literaria, López Moreno ha ido construyendo una obra literaria que sólo por su extensión ya podría considerarse monumental. Hombre de múltiples voces y de múltiples registros, ha practicado las formas populares de la poesía, como las décimas, y las ha engarzado con la tradición culterana, dejándonos, por ejemplo, uno de los libros de poesía fundamental de la poesía mexicana de los últimos 30 años. Sus Décimas lezámicas constituyen un ejercicio notable de summa literaria y de inteligencia lírica que ha sido sistemáticamente ignorada, pero que ocupa –o debería ocupar– un lugar de enorme importancia en nuestra tradición lírica.
En torno a la figura del notable poeta cubano José Lezama Lima, no menos que en otras figuras populares de la isla, López Moreno ha trazado una línea de apropiaciones culturales que van más allá de la creación de homónimos u homonimias tan celebradas en otros poetas, pero paladinamente ignoradas en su caso. En efecto, a través de una reinterpretación de la historia literaria y cultural así como de sus principales figuras, el poeta ha recreado la Historia para enlazar la historia de los desposeídos, de los aplaudidos por esnobismo pero no comprendidos en toda su radicalidad.
El barroquismo literario de Lezama Lima, por ejemplo, ocupa un sitio especial en la obra del poeta chiapaneco, quien entiende que el barroco por el barroco es un callejón sin salida si no tiene implicaciones inmediatas en la lectura y en el tejido social que ésta implica. Este barroquismo le permite dirigirse al más barroco de los escritores hispanoamericanos, Miguel de Cervantes, y desde ahí trazar una nueva historia, una que incluya de nuevo al Quijote y sus avatares desfacedores de entuertos.
Lo que el aspecto deconstructivo –podrían llamarlo así algunos– de este trabajo lírico busca establecer no es una relación vertical de iniciados en la que sólo haya privilegios, sino una horizontal en la que haya, principalmente, obligaciones y compromisos. Es decir, el aspecto social de las relaciones humanas antes que nada, un aspecto revolucionario que casi ninguno de nuestros poetas ha explorado, y al que no sólo los propios colegas sino la academia han sido refractarios por los usos y costumbres de la lectura prejuiciosa de prestigios y privilegios que caracterizan nuestra república de las letras.
En la ya casi enciclopédica obra de Roberto López Moreno se pueden hallar grandes cimas y grandes simas, y en ese ascenso y descenso es que el paisaje lírico del poeta no busca la perfección sino la construcción de un orbe en el que tenga cabida todo el mundo sensible no sólo del propio poeta, sino principalmente del lector, y en donde finalmente la cultura de elite se fusione con la cultura popular, a través del supremo ejercicio del poeta que puede trasladar los hechos morbosos o cultos de la vida social y transformarlos en esa emoción que sólo las palabras logran.
Tanto en cuentos como en muchos de sus poemas, Roberto López Moreno hace uso de las herramientas del periodismo para trasladar/traducir la realidad tangible y a veces sanguinaria de la vida social, hacia un mundo donde el horror se transfigure en un mecanismo de palabras que emancipen al sujeto social de las cadenas a que las estratificaciones sociales suelen conducir. Es en este sentido que el uso enciclopédico de recursos líricos le sirven al poeta para ese fin y así conducir al lector a un orbe donde el mundo horizontal de las conquistas sociales equilibre lo que en su origen estuvo ante el abismo. No puede haber una posición más revolucionaria en la poesía de nuestros días.
Sólo para ejemplificar cómo estos orbes de diversos orígenes se fusionan en uno totalmente nuevo, convendría remitir al lector a un poema como “Por este lado del mundo”, uno de los poemas más celebrados del poeta, y con justa razón, incluido en el libro Motivos para la danza. Se trata de una de las obras maestras de la lírica mexicana de los últimos treinta años, y en su aparente sencillez, en su aparente repetición rítmica y tímbrica, se encuentra en operación este procedimiento de fusión y emancipación del sujeto social al que he hecho referencia.
El tema del poema está tomado, como sucede en otros poemas y algunos cuentos, de un hecho real, el cual es transfigurado no sólo en materia lírica, demostrando con ese sólo hecho cómo el poder de la palabra opera en la obra del poeta, sino en materia social. Para transfigurar el hecho terrible de la mujer fallecida en medio de la pobreza, Roberto López Moreno recurre a los ritmos líricos de la poesía negra, y desde el principio elige no el prestigioso metro endecasilábico de la tradición letrada, sino el octosílabo de la poesía popular.
En los magistrales y sonoros versos del poema López Moreno prepara la transfiguración del sujeto social en sujeto lírico, y arroja el poema, en su momento culminante, aprovechando las experiencias de la vanguardia del pasado siglo, para convertir en puro ritmo su expresión, y así, por puro ritmo, liberar al sujeto social de sus amarras.
No hay aquí asomo alguno de elementos culteranos, de lamentaciones sobre el destino del sujeto social, que para mayores señas y en concordancia con el espíritu libertador del poema, es una mujer. Por el contrario, desde el espíritu mismo de la cultura popular, desde el orbe musical del son, López Moreno deconstruye la muerte del sujeto, y lo transfigura en sujeto lírico, que al atravesar justamente por el laberinto sonoro del poema, queda liberado y redimido, y por arte de la palabra, en sujeto de transformación social.
Himno popular, canción agnóstica de liberación, “Por este lado del mundo” es un ejemplo de la depurada técnica compositiva del poeta y de su habilidad consumada para crear una tensión interna que sólo el ritmo puede liberar. El título mismo del libro, más allá de la referencia a la danza, se refiere a este estado de movimiento que la danza genera y por la cual el sujeto bailable, como el sujeto social, puede liberarse, siempre que esté en movimiento, desafiante.
Dije al inicio que a Roberto López Moreno sólo le ha faltado ejercer el oficio de traductor, de verter a poetas de otras lenguas a la nuestra. Pero en realidad, de alguna manera, la ha ejercido de una manera distinta. Al observar la realidad y transfigurarla en admirables cadenas de palabras y ritmos, argumentaciones e historias, lo que ha hecho ha sido justamente eso: traducir la realidad para que veamos más allá de lo que el simple acontecer parece querer decirnos. Traductor también al aproximar poetas y artistas de un mundo a otro, al defender la memoria sobre la obra de aquellos que lo rodearon, nos invita a leer nuestra tradición de manera activa, y a formar parte de ese sujeto que sólo la acción social puede hacer consciente.
La poesía de López Moreno cuestiona, a su manera, y no sé qué tan consciente sea él de ello, el influyente ensayo de T. S. Eliot, “Función social de la poesía”, al tiempo que muestra cuán irresponsables pueden ser las reflexiones sobre poesía cuando no se ve la realidad, cuando se parte de abstracciones desde el ropero o un pedestal, porque de ser cierta la tesis de Eliot allí expuesta, López Moreno debería ser el más grande de nuestros poetas vivos. Y tal vez lo sea.
19 de agosto de 2011 |