CRÍTICAS A SU OBRA
DESDE UN RÍO CANTA UN COLIBRÍ
Autor Anónimo
Yo canto porque no puedo eludir
la muerte, porque le tengo miedo,
porque el dolor me mata.
LUIS CARDOZA y ARAGÓN
No es frecuente encontrar un poema en que un autor aparentemente renuncia a su voz, y orgulloso se apropie de la voz heredada por la lectura de poemas de todos los tiempos. Un autor, que sin dejar de ser yo, se convierte en él, a través del tú. Un autor que sin dejar de ser ellos se convierta en yo. Así en El río y morada del colibrí, Roberto López Moreno se convierte en un yo a través de quien fluyen, vertiginosas, violentas y húmedas las corrientes del río fundamental de la poesía.
Reconozco que dado el título del primer poema, El río y la dedicatoria a don Luis Cardoza y Aragón, creí que encontraría un homenaje. Grata fue mi sorpresa al encontrar un torrente verbal, una verdadera lluvía tropical poética en la que conluyen las lecturas de muchos libros-nombres: Trilce, Altazor, Tarumba, Canto General...
Así en El río y la morada del colibrí, estamos ante una actitud, ante un compromiso asumido desde siempre: la poesía. ¿Cuál es el compromiso de la poesía?, tal vez romper el límite de nuestro sino: la lengua. Lo dice el Génesis.
En el principio era el verbo,
y el verbo estaba en Dios,
y el verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Si el primer trabajo del hombre fue darle el nombre a todas las cosas y animales. ¿Cómo asume Roberto López Moreno en El río y Morada del colibrí, este compromiso? Dice el poeta ¿o la poesía le exige que lo diga?
Baja a alumbrar para nombrar las cosas,
tócalas, hazlas células de tu ala
y retorna al solio a contemplar
la perfección de tu trabajo...
Dije hace un momento que no es frecuente que un escritor renuncie a su voz intencionalmente, por ejemplo, el río joven quema / es una quemadura honda, ¿será el bosque madura de Xavier Villaurrutia? La verdad que no lo sé, ni me importa. Yo disfruto la poesía, el acto íntimo de la creación suprema, el momento en que el hombre se acerca a Dios. El momento en que el poeta (aquel que lo escribe, quien soy yo, que lo leo) nombra-mos. Y re-hacemos el primer oficio del hombre: nombras las cosas.
Quiero ser sincero. No pretendo alabar algo que no me gustara cuando le leí ¿o lo oí por primera vez? Por el contrario. Conocí a Roberto López Moreno hace más de diez años. Lo conocí en un libro totalmente diferente al que nos ocupa hoy. El arca de Caralampio: el extraño mundo zoológico de Chiapas. Y creo sinceramente que el compromiso de la poesía, o con la poesía es único. Es algo que siendo nuestro se vuelve vuestro y termina siendo de todos:
Hay un tiempo que sale de mí,
pero hay otro fuera de mí
que también me modifica,
que parte de donde mi piel termina
hacia la curva de la lejanía.
me diluyo en mis aguas
soy este río en mi contra que no se detiene
que me convierte en su río (p. 36).
Aunque la poesía y el compromiso puedan parecer mucho. Nosotros, sus adictos, le decimos con Roberto López Moreno: no sólo somos soles solitarios. Así quiero destacar la elegía incluida en El río. La que empieza con la belleza de la ciudades bendecidas por un río.
Elegía
Las más bellas ciudades son tocadas por el encanto de algún río.
La de México, ciudad de sangre y obsidiana, se extiende
bajo los signos de la devoradora de sus propias venas...
Yo era apenas un manojito de asombros, pero al río del
que hablo ya lo habían hecho un anciano de aguas cancerosas,
de paso difícil, pestilente, que cruzaba cansino frente a lo que
iba a ser un recuerdo... (p.15)
Así como en la vida de un hombre puede estar la vida de todos como dijera John Lucke, también en la historia de un río puede estar la de todos los ríos. Debo insistir que en El río y Morada del colibrí, estamos ante un trabajo profesional. De un autor con oficio. Estamos ante alguien a quién los excesos ni lo asustan ni amedrentan. Estamos ante alguien que se la juega. En El río y Morada del colibrí, el color y ritmo exploran las posibilidades de la lengua, lúdico Roberto López Moreno dice:
Suda a todo color
Tabas aspas dabas tabas
Suda a todo calor.
Creo que la poesía de Roberto López Moreno es sobre todo ritmo y color, música verbal que asiendo lo inasible nos conduce en su sincretismo: si bien el Chiapas trópico ardiente e hidráulico está unas veces presente, ya como “tumba de Lázaro Gómez” o como dato geográfico, también está presente la ciudad. |