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CRÍTICAS A SU OBRA

BITÁCORA DE LA PALABRA

Nicanor Parra y Roberto López Moreno, los grandes poetas de la Vanguardia literaria del Siglo XXI

Mario Nandayapa

Soy un pésimo turista, pero en cambio soy un formidable viajero. Lo anterior se reduce a que nunca viajo con el único propósito de contemplación, ya que mi mirada está determina por mi gramática de vida, es decir a cada lugar que viajo me dedico a trabajar exhaustivamente en busca de información existente sobre la cultura de Chiapas, por ello puedo afirmar que soy un estupendo viajero.

Si bien Eraclio Zepeda recorrió la ruta de Carlos Magno (experiencia que relataré en un entrevista en extenso que le hice a Laco, libro de próxima edición), o bien Heberto Morales que hizo lo mismo pero en la trayectoria del Quijote de la Mancha, antes de escribir su novela “Jovel. Serenata para la gente menuda”. Yo transité la ruta de migración de los Chiapanecas, recorriendo Chile, Paraguay, Costa Rica y Nicaragua; en virtud que se han establecido un diversidad de hipótesis de los chiapanecas, por ello era necesario no sólo consular las fuentes documentales, sino confrontar la dinámica viva de esta región cultural que aún no se ha estudiando, mi memoria y mi maleta, regresaron rebosantes de reproducciones de documentos, fotografías, entrevistas y la patente sonrisa de un viajero satisfecho.

En mi instancia en Chile, adenda de mi trabajo de tesis doctoral, hice los trazos de un libro que estoy plenamente seguro que será de impacto internacional, y se trata de la “Presencia de Pablo Neruda en México 1940-1943”, para su culminación el Dr. Salvador Jara Guerrero, Rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, me recibirá en Michoacán para que realice una instancia posdoctoral con prestigiosos investigadores de esa Universidad, además de que me harán el honor que yo imparta la Cátedra 2012.

Entre los diversos testimonios que nos legó Pablo Neruda en México, también Chiapas está presente:

“Yo tu selva sonora / conozco, en los rincones / de Chiapas olorosa / puse mis pies australes, lo recuerdo: / caía brusco / el gran crepúsculo de ceniza azul / y en lo alto no había / cielo ni claridad: / todo era hojas: / el corazón del mundo era un follaje. / Porque entre / tierra oscura y noche verde / no me sentí agobiado, / a pesar / del infortunio / y de la hora incierta, / no me sentí tal vez por vez primera / padre del llanto / o huésped / de la eterna agonía (…)”

En Santiago de Chile, tuve la oportunidad de tratar a diversos poetas como son Manuel Jofré y Gonzalo Rojas, ambos escribieron las cuartas de forros de dos libros míos. Ahí también conocí y establecí amistad con Nicanor Parra, para mucho el último poeta de la vanguardia latinoamericana, para mí el gran poeta de la vanguardia es Roberto López Moreno, su obra en conjunto está signada por la búsqueda técnicas y formales, esto se traduce en su propuesta actual “El poemural”, invito a los lectores, estudiosos de la literatura y a las instituciones culturales, a mirar con atención su discurso poético.
La noticia actual es que el poeta chileno Nicanor Parra, recibirá el Premio Cervantes 2011, por “una trayectoria muy amplia, toda una vida dedicada a la poesía”, citando a la presidenta del jurado, Margarita Salas, este premio se le otorgará el 23 de abril -fecha de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616)- de manos del rey Juan Carlos I en una ceremonia en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, ciudad natal del autor de El Quijote.

Celebro que Nicanor Parra haya recibido esta mención, este antipoeta es un escritor ejemplar para la lengua española. En una de la ocasiones que lo visité, le comenté que tenía intenciones de grabar una conversación con él, y me dijo que no daba entrevista, con ingenio le contesté que yo le haría una antientrevista, él me quedo mirando, y me dijo —Adelante, pero que sea con vino.

En esta ocasión comparto con ustedes, la ANTIENTREVISTA A NICANOR PARRA:

“En Las Cruces, población costera del litoral chileno, de golpe uno tropieza con el cielo y la tierra, esto es el mar, esto se llama mar. Signo inequívoco donde habita la palabra. En efecto, en este lugar vive Nicanor Parra, como un pleno ejercicio de elección. La puerta de entrada tiene una pinta al graffiti que dice Antipoeta. Me hago presente tocando la puerta, él aparece, impávido ante los más de noventa años que ha transitado, muestra evidente que la vida también es una obra de arte.
¬—¿Qué dice Jaime Sabines?, asiste.
Y comenzamos hablar de los muertos y de la vida, y de sus rastros como es el amor.
—¿Nandayapa?, agrega.
—Sí, significa río verde en una lengua indígena de Chiapas. Se contrae ante el desencanto de la respuesta del acertijo que significa mi apellido.
—Nunca lo digas, las palabras siempre tienen que tener un misterio, algo que oculten. Es el inicio de una conversación siempre inconclusa, la poesía.
—¿Mario, sabes que también me dedico a las artes plásticas? Y me muestra su obra conceptual: “La última cena” (una bacinica azul sobre una silla), “La maquina del tiempo” (una fila de maquinas de escribir antiguas), “Todas íbamos a ser reinas” (Fotografía de él con un grupo de amigos). Mientras observo, Nicanor se ausenta, para regresar con un libro mínimo de madera color verde, el cual me entrega.
—Esto es para ti Nandayapa, en ella está toda la poesía. Abro el libro, y contiene las palabras de todos los tiempos, está vacío.”

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