CRÍTICAS A SU OBRA
ACERCA DE ENTRE LA IGUANA Y EL COLIBRÍ
Adolfo Castañón
A pesar de ser una de las construcciones poéticas de la región más fieles al devenir latinoamericano en su hondura y espesor míticos -o acaso por ello mismo- la obra del escritor y poeta chiapaneco Roberto López Moreno (Huixta, Chiapas, 1942) no ha sido objeto de estudios y comentarios extensos y sostenidos. La obra del joven crítico Jorge Solís Arenazas nacido casi cuarenta años después que López Moreno viene a llenar un hueco y a erigirse como una guía por la espesura de su continente lírico. Entre la iguana y el colibrí reúne un conjunto de 9 ensayos divididos en 5 cuerpos; a esos ensayos habría que añadir la extensa entrevista con que cierra el libro. Más allá o más acá de la obra del propio Roberto López Moreno, el personaje central del libro, el protagonista de sus páginas parece ser la vanguardia, los idiomas y las letras de la vanguardia latinoamericana tal y como se declinan y reflejan en los versos de Roberto López Moreno. Pero más que vanguardia en singular habría que decir vanguardias pues los movimientos de innovación artística, poética y literaria en América Latina, las fuerzas vivas de la experimentación expresiva latinoamericana no caben ser reducidas a un solo modelo. Para esquivar esta dificultad, Solís Arenazas inscribe su proyecto de indagación crítica en el juego cruzado Entre la iguana y el colibrí: dos claves ―una reptante y otra volátil y flamígera― que teclea la máquina mítica , mito-poética de López Moreno: “La iguana ocupa el lugar de la serpiente; el colibrí el del águila”, nos dice el crítico. Ambos animales designan el espacio latinoamericano. “El colibrí ―escribe Ida Vitale en el ensayo dedicado a esta ave en su manual De plantas y animales― de nombre curíbico, mainumbí en guaraní, tente-en-el-aire, picaflor, pájaro mosquito (así nombrado por el naturalista español Fernández de Oviedo en su Historia general de las Indias pasó a ser oiseau mouche para Bubton) de la familia de los Fruchilidae, es especie con muchos representantes. Todos son americanos” (p. 147). Hasta aquí Vitale. El colibrí, además representaba en la antigua religión azteca el latir del corazón y era uno de los atributos del sangriento y guerrero Huitzilopochtli. El colibrí es además una presencia constante no sólo en la poesía de Roberto López Moreno sino en la poesía mexicana, centroamericana y latinoamericana (recuérdese sin ir más lejos al mexicano ecléctico y guatemalteco nativo Otto Raúl González o al peruano Emilio Adolfo Westfphalen). La ecuación colibrí-iguana le sirve a Solís Arenazas para esbozar o descubrir en la obra de Roberto López Moreno una poética de la celebración, una partitura mítica planteada ya por el propio poeta cuando expresa que el colibrí “surge de la iguana, de su sabiduría y se convierte en la imaginación de ésta, es decir en su vuelo. Por lo tanto la línea que le corresponde al colibrí es la vertical, es el vuelo que se eleva partiendo del punto iguanido. Por medio del colibrí (la imaginación de la tierra) la sabiduría se eleva a ver en las rutas del aire. La verticalidad es la imaginación que la sabiduría produce” (p. 18). El diálogo cruzado entre el colibrí (símbolo de la línea vertical) y de la iguana (símbolo de la horizontal) le sirven a Solís Arenazas para intentar describir la regla del juego, el código lúdico a que obedecen los trompos metafóricos y rehiletes analógicos de las evoluciones de Roberto López Moreno.
Un libro de crítica literaria es un juego mental que se dirime entre las cuatro esquinas de un ring o arena conjetural: 1) el poema y el poeta; 2) los discursos que acarrea el crítico para fusionarlos en una; 3) tercera instancia; 4) la recepción, la hospitalidad mental del lector. En las distancias y tendones derivadas de estos cuatro elementos se resuelve la substancia inmaterial de la lectura. Dicho de otro modo, el ensayo escrito por Jorge Solís Arenazas ensaya un encuentro con la poesía de Roberto López Moreno a la luz conceptual de un bagaje en el que se funden Giambattista, Vico y Bachelard, José Lezama Lima, Ramón Xirau y los teóricos de la poesía concreta brasileña que a su vez remiten a los teóricos de la vanguardia rusa para mencionar solamente a las voces más conspicuas de este discurso. El encuentro entre el cuerpo lírico de López Moreno y este fluctuante espejo conceptual da como resultado el libro de Jorge Solís. Ese polimorfo y fluctuante espejo conceptual permite al lector conocer mejor la urdimbre imaginaria de que está hecho la obra del autor, las influencias que maneja o que sufre, los ecos que suscita, las voces soterradas en su voz.
Roberto López Moreno es un poeta en cierto modo más latinoamericano que mexicano. Pertenece a la familia de los prolíficos más que a la de los devoradores, para seguir la distinción propuesta por W. H. Auden. En otros términos, se puede decir que su empresa lírica se determina antes en función de la vía húmeda que de la vía seca, antes por la oleada y por el movimiento expansivo que por la vía seca de la concentración. Está pues en la búsqueda y en la experimentación a través del flujo y el caudal. Su vanguardismo es un polimorfismo, mestizaje e hibridación con y de otras formas artísticas: danza, música, arquitectura, pintura, escultura. Este diálogo del idioma poético con los idiomas de las otras artes se redondea en su poema Motivos para la danza donde la idea motriz de la voz cantante se plantea como una idea envolvente, una trama paisaje que se transfigura en el guión de una coreografía. El diálogo con las formas artísticas está en el centro de la obra de Roberto López Moreno. Acaso a la hora de hacer una antología de la obra de este poeta latinoamericano nacido en México habría que partir de esta conciencia del museo ―o casa de las musas― para explorar su proyecto y llegar a explicar a partir de esta concepción militante de la convivencia de las artes el proyecto literario del autor, sin excluir desde luego la cuestión de los poemurales en la cual la poesía callejera y el grafitti, la poesía política y la imaginación plástica se dan cita. Sin embargo, la poesía de López Moreno no se agota en modo alguno en este proyecto y su universo poético sobrepasa y supera estas clasificaciones. A partir de un concepto de Ramón Xirau, Solís Arenazas sugiere un común denominador para dar cuenta y clave de los movimientos inscritos en la obra de este autor: ese concepto es el de “épica interior”. Quien dice épica dice guerra y dice combate. La guerra de Roberto López Moreno se da en el lenguaje y con el lenguaje. Es una guerra diurna y solar, una guerra florida, de nuevo un juego más que un fuego, una propuesta de re-encarnación verbal dominada por el ritmo de las décimas, por el compás del soneto, por las tumultuosas formas del verso libre y del himno. Además esta “épica interior” debe seguirse a la luz de un combate íntimo, de un desgarramiento personal. A pesar de sus numerosas y firmes virtudes, el libro de Jorge Solís Arenazas tiene a mi ver dos defectos: uno de orden crítico y otro de índole bibliográfica. Sobre este último aspecto cabe decir que su ensayo hubiese ganado mucho si se hubiese acompañado de una bio-bibliografía crítica del autor detallando ediciones y publicaciones diversas. Este elemento hubiese permitido situar a López Moreno en la historia y dar cuenta de su itinerario editorial por diversos rincones de nuestro país y de nuestra América. Hubiese permitido también comprender mejor los movimientos tan pronto evolutivos tan pronto concéntricos de la obra de Roberto López Moreno. Sobre el orden crítico, hay que decir que al parecer a Solís Arenazas le interesa seguir al personaje y al mundo mitológico creado por Roberto López Moreno, reconstruir su génesis e intentar estrechar el proyecto poético lopezmorénico en términos de una cosmogonía o relato de los orígenes. Pero a Solís Arenazas no parece interesarle demasiado la vertiente personal, el mundo íntimo y numeroso del autor, la reconstrucción de sus andanas infantiles y sus edenes pueriles, los juegos privados del autor. Esta carencia tiende a enfatizar el destino manifiesto del autor más que su destino latente, sus claves soterradas, sus secretos. Con esto quiero decir que Entre la iguana y el colibrí es un libro importante para la comprensión de la obra de este autor, no es aún el libro definitivo, libro que por cierto Solís Arenazas puede ser perfectamente capaz de escribir. Pero un libro de poesía es un mapa imaginario o de la imaginación, una carta de exploraciones íntimas y mitológicas. Un libro de crítica poética es una guía para transitar por ese país poético. Gracias a Jorge Solís Arenazas por esta caja de las brújulas hecha para explorar la región literaria llamada Roberto López Moreno. |